Carlos Carnicero

Israel banaliza la Shoá y redita el Holocausto.

Israel ha asesinado a 300 palestinos, la mayoría civiles indefensos y niños, y su gobierno, una vez comenzada la llamada “ofensiva terrestre” sobre Gaza, saca pecho y anuncia que “todas las opciones están abiertas”. Barack Obama, el presidente que fue recibido por la opinión pública internacional con asombro  por su Premio Nóbel de la Paz, un tanto prematuro, justifica las acciones de represalia del Ejército de Israel, el cuarto más poderoso del mundo, y pide a las partes que no extiendan el conflicto. ¿Qué partes?

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Israel todos sabemos quién es. Y la otra parte a la que se refiere Obama, seguramente será el pueblo palestino, y más concretamente los habitantes de la franja de Gaza. Una porción del mundo de una extensión menor a la de la Comunidad de Madrid, en la que están encarcelados al aire libre un millón y medio de personas,  con todas sus fronteras cerradas, sin ayuda exterior y sufriendo ante el silencio internacional el genocidio sistemático. Sin medicinas, apenas sin alimentos, y sin tranquilidad, siquiera, para enterrar a sus muertos.

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Palabra de Madina

 

Captura de pantalla 2014-06-22 a la(s) 12.04.04 Eduardo Madina ha hablado en el diario El País y ha dicho cosas que no se oían en el PSOE desde hace tiempo. Sobre todo porque ha planteado un debate sobre ideas, sobre proyectos y sobre identidad socialista. Suena bien y merece la pena prestarle atención. El problema esencial del PSOE no es una crisis de liderazgo sino una crisis de identidad. La falta de liderazgo es una consecuencia de la crisis de un proyecto que ya no tiene personalidad propia. El socialismo democrático padece en toda Europa los mismos males que afectan al socialismo español. Su distanciamiento de la sociedad, su falta de elementos de desarrollo de políticas que adecuen la competitividad y la producción al reparto de la riqueza. La necesidad de abandonar la obsesión de competir con el neoliberalismo en un terreno en el que los socialistas juegan descalzos y los neoliberales con tacos de hierro. Eduardo Madina habla de tejer alianzas con los sectores sociales que son identitariamente afines a un modelo socialista democrático. Quizá le falte decir que los socialistas deben salir de la sala de espera de un cargo público para hacer política en la sociedad, ejemplarizar con el compromiso político, librarse de los complejos frente a una derecha históricamente arrogante y exclusiva. La política no empieza ni termina en los cargos institucionales y todo socialista debiera ser un activista de sus ideas. Elegir al secretario general en una votación general de todos los militantes puede ser el primer paso para que estos recuperen la conciencia del protagonismo que les corresponde en el partido. Que les permita acabar con la baronías de quienes ocupan un cargo y succionan la representación de los afiliados. Hasta ahora es la única voz en el socialismo español que genera esperanzas de que el PSOE pueda recuperar una identidad histórica que ha dilapidado en la última década. Eduardo Madina ha dado un paso al frente y ha enseñado sus cartas. Merece la pena estar atento a la palabra de Madina.

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Cañete, esa suficiencia de machismo insoportable

La galantería es la forma más sofisticada de machismo porque se envuelve en la condescendía de pretender una superioridad basada en la fuerza del macho que se intenta disimular con amabilidad impostada. Miguel Arias Cañete ha dejado aflorar las esencias de ese machismo ancestral que pretende cuidar a las hembras para darle protección paternalista frente a la realidad de un mundo masculino que prenden genéticamente sometido a las creencias de su propia superioridad.
Miguel Arias Cañete, en su debate con Elena Valenciano, ha hecho, además el ridículo acrecentado con sus manifestaciones posteriores. En otro país de esta Europa en entredicho, Miguel Arias Cañete habría tenido que abandonar la política por atentado directo contra la consagración de la igualdad de sexos que preconiza nuestra Constitución. No ejerció más sus supremacía sexual frente a Valenciano para no parecer agresivo frente a una hembra indefensa. ¡Casi nada!
No hubo debate sobre Europa, porque el candidato del PP no quiso hablar de las elecciones europeas sino de una realidad española enmascarada por la mentira tantas veces repetidas sobre la bondad de la reformas que han sido y son recortes.
Entiendo a Cañete y entiendo al PP, porque son unos convencidos de que nuestra misión en Europa e la obediencia debida a la supremacía Alemana. En realidad, lo españoles, hasta que la Unión Europea sea una realidad democrática representativa, debiéramos exigir votar en la elecciones generales alemanas para tratar de dar una pátina de legitimidad al gobierno de facto que ejerce el directorio alemán, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional.
Esta claro que al PP no le interesa una movilización electoral el 25 de mayo; sus cálculos de dignidad electoral en los resultados están hechos en el entorno de una participación algo mayor del cuarenta por ciento. Quieren que voten sus incondicionales y que no vaya mucha más gente a introducir la papeleta, porque con esas cuentas se quedarían por encima del PSOE, que es a lo único que aspiran.
Elena Valenciano mantuvo la dignidad frente a la provocación. Permitió a Arias Cañete un retrato sepia, antiguo del machocaballeroandaluz. El mejor retrato de una realidad que se manifiesta en la contrarrevolución conservadora del PP.
Con esos parámetros, no nos queda más remedio que acudir a votar al PSOE, porque independientemente de todos los reproches que se le puedan hacer al partido de Elena Valenciano, que desplace al PP se ha convertido ya en un asunto de emergencia democrática. Y eso es mucho y, sobretodo, suficiente.

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Apuntes a vuelapluma

Han caído torres más altas que el PSOE

El PSOE es una organización imprescindible en el contexto histórico de los dos últimos siglos. Su capacidad de resistencia culminó con la supervivencia a la guerra civil y la cruel dictadura. En la transición y en la transformación de España ha sido un pilar sólido que ha permitido que la democracia se consolide y que España se modernice. Y también ha sido víctima y promotor de la profunda crisis sistémica que ha asolado nuestro sistema de convivencia. Su permanencia en el poder durante largos periodos en los últimos treinta años ha erosionado sus esencias y le ha convertido en una suerte de partido institucional cuyos militantes no tenían otra vigencia que la aspiración a ocupar un cargo público. Los militantes no tienen tareas políticas al margen de las instituciones. Y su desconexión con la sociedad le ha llevado a un colapso orgánico, político e ideológico.

Por primera vez en muchos años hay un debate interno vivo que se manifiesta en el empate que se vislumbra entre dos de los candidatos en estas elecciones directas. Una de las mejores noticias es el final de la unanimidad y del control directo del aparato que se manifestó la última vez en la designación de la candidata a la presidencia de Andalucía y de esa federación del PSOE, Susana Díaz, hecho constatable con independencia de que el resultado de ese ejercicio de dirigismo haya resultado positivo o al menos útil.

Los dos candidatos socialistas en las elecciones del próximo domingo tienen la enorme responsabilidad de enderezar el rumbo del partido, no solamente en términos electorales.

Una organización democrática de izquierda tiene que aspirar a tener tentáculos directos en la sociedad. En la vida sindical, en la vida de los colectivos enfrentados a la contrarrevolución conservadora y en la formulación de movimientos ciudadanos. En esa línea se ha manifestado Eduardo Madina. Entender que la actividad de los militantes, su toma de responsabilidades en la dirección del partido, no puede suponer una amenaza para las hegemonías de cualquier aparato. Porque un partido socialdemócrata tiene que aprender a convivir con un profundo debate interno, con la participación de sus militantes en la vida orgánica de forma permanente. Abandonar el miedo a que la pérdida de control les reste posibilidades electorales. No puede haber temor a que los militantes asuman el rol del ejercicio de la soberanía dentro de la organización.

Las elecciones europeas no han sido más que la culminación de un proceso de descomposición de la estructura de partidos. Y ese proceso no se ha detenido. Es dinámico porque está empujado por la profunda desconfianza de los ciudadanos en los partidos. Y no está exento de esta amenaza ninguno de los partidos que forman parte del establishment no están blindado contra su desaparición. La historia demuestra que organizaciones de poder que se creían eternas e indestructibles han caído como las torres de Jericó. Y el PSOE, con todos los meritos de su larga trayectoria no es una excepción.

El próximo congreso no puede reducir su debate a la elección de un líder. Esa debe ser la consecuencia de la construcción de un entramado político sólido que de respuestas a las múltiples crisis de nuestro sistema socioeconómico. Probablemente es la última oportunidad que tienen los militantes del PSOE de detener el declive de la organización y construir el socialismo democrático del siglo XXI. Y hay que comenzar por una proyecto político socialista que permita que los ciudadanos recuperen la confianza en el PSOE.

 

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Mónica Oriol y los trabajadores que no valen “paná”

Hace tiempo que teníamos noticias de la ausencia de contención dialéctica de Mónica de Oriol, presidenta del Círculo de Empresarios. Tiene ese rasgo de la personalidad que induce a decir lo que de verdad piensa, sin pararse en razones de oportunidad. Es de agradecer que en este mundo de hipócritas no sea políticamente correcta y se le escape ese clasismo que lleva dentro, probablemente envuelto en su apellido de antiguos oligarcas franquistas.

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Esta señora piensa que hay que bajar el salario mínimo interprofesional. Seguramente porque está convencida de que con poco más de seiscientos euros se puede mantener una familia con el mínimo de dignidad al que tiene derecho todo ser humano.

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España, riesgo de estado fallido

Es difícil ignorar en el horizonte el riesgo de que España se convierta en un estado fallido. Dos de las regiones, naciones o nacionalidades con más densidad económica e importancia política, aumentan el deseo de una parte importante de su población de disgregarse del resto de España. Las motivaciones de carácter histórico -con la manipulación y ensoñación propias de los nacionalismos extremos- agitan la pretensión de independencia sin que se tengan en cuenta asuntos esenciales, como la permanencia dentro de la Unión Europea de los estados resultantes. No se hacen cuentas políticas ni económicas de carácter local o internacional, porque los anhelos se han adueñado de la formulación de los proyectos.

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Y es una catarata que no amaina, sino que se alimenta con el paso de los días, independientemente de que no existan procedimientos constitucionales para encaminar esas alucinaciones.

Como en casi todas las situaciones históricas de convulsión nacionalista, el fenómeno sirve a los intereses de una casta o élite local que ha saboreado el poder hasta tener dependencia de él; cada día necesita más dosis. Agitar las pasiones de la ciudadanía en época de profunda crisis económica, política y de liderazgo no es nada difícil. Las crisis generan monstruos que son muy complicados de manejar. Por favor, repasen los manuales de historia.

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