Carlos Carnicero

Reflexiones contra la depresión política

La confesión de Jordi Pujol es uno de los episodios más destructivos de nuestro sistema político y, al mismo tiempo, un camino para salir de esta crisis sistémica del actual régimen democrático español.

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La pirámide de corrupción institucional ha llegado a un punto en el que no quedan peldaños para ascender. Los episodios de corrupción en el entorno de la Casa Real y la revelación de Pujol, en espera de la investigación correspondiente,  nos sitúan en un punto sin retorno si no se produce una regeneración política profunda que devuelva a los ciudadanos la confianza en sus representantes y en las instituciones.

Literalmente, después de conocer que Pujol ha tenido cuentas en el extranjero por más de treinta años, el nacionalismo catalán ha recibido un duro golpe con consecuencias políticas e institucionales imprevisibles. La representación de la patria catalana estaba encarnada en un fraude. Quien monopolizó la máxima representación de la catalanidad se ocupaba en realidad no de la  patria sino de su talego. Quienes hacen un esfuerzo por disociar al Pujol estadista de su miseria humana pierden el tiempo, porque la primera condición del liderazgo es la ejemplaridad.

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Agosto discurre en silencio mientras Israel destruye Gaza

Cada día, al amanecer, inspecciono la prensa sin esperanza de encontrar otra cosa que más de lo mismo. Agosto comienza su trabajo anestésico y los ciudadanos del hemisferio norte buscan las playas y los ríos para huir de este calor infernal que el cambio climático se empeña en profundizar.

Las redacciones se vacían; quedan de guardia los que menos antigüedad tienen si es que algunos tienen antigüedad. Los kioscos de prensa cierran por una falta más acentuada de los pocos lectores que quedan de la prensa de papel. Más de lo mismo: Israel profundiza su ofensiva en una Gaza que es ya un remake del Ghetto de Varsovia.  La indiferencia mundial es la misma frente al exterminio de los judíos en Varsovia y en toda Europa que la que Israel lleva a cabo en Palestina. Bueno, hay diferencias importantes, pero también semejanzas dramáticas.

El odio a los judíos animado por las convicciones racistas del III Reich tenía un tecnología de exterminio, aparentemente encubierta, cuyo destino era la “solución final”, la eliminación de toda la población judía. Racismo en estado puro y extremo. Probablemente la peor barbarie de la historia.  Los judíos, para Hitler no eran personas; los palestinos, para Israel, tampoco lo son.

Del Ghetto de Varsovia no se podía salir. No había alimentos ni medicinas. No había otra esperanza que esperar el traslado en trenes de ganado a los campos de la muerte.

En Gaza no hay medicinas ni alimentos. No se respeta a la población civil y las acciones del ejército de Israel, uno de los más poderosos del mundo, que cuenta con el respaldo incondicional de Estados Unidos, ataca escuelas, centros protegidos por la ONU, y cualquier objetivo civil. Los niños mueren por centenares. No hay piedad.

La insurrección de los judíos del Ghetto de Varsovia tuvo y tiene toda la legitimidad ética. Cualquier cosa que hubieran hecho en su lucha por la dignidad y la supervivencia hubiera tenido legitimación y justificación ante la historia. Sin embargo no mataban alemanes civiles ni niños. Aquellos judíos heroicos luchaban para sobrevivir pero no cometían desmanes contra inocentes.

Antes y durante la II Guerra mundial, los judíos, su exterminio, no fue nunca invocado como una de las razones de occidente en su guerra con Alemania. Hay testimonios históricos de que el Vaticano conocía con detalle el exterminio judío. No hubo reacción de la Iglesia Católica ni siquiera retórica. Los ciudadanos de la propia Alemania asistieron a la progresión de la persecución judía con pasividad o complicidad. No hubo, ni siquiera, conatos de piedad.

La poca resistencia interna contra Hitler no tuvo un ápice de motivación en el apoyo a la población judía.

Ahora pasan algunas cosas que tienen mucha semejanza, con el sarcasmo de la historia de que las víctimas son ahora verdugos. Quizá se juzgue esto como una hipérbole, pero con las diferencias de esencia, motivación y tiempo histórico, las semejanzas son irresistibles.

El mundo árabe, dividido, cierra los ojos ante la masacre del pueblo palestino. Ellos, los palestinos, son los judíos del mundo árabe, a los que nadie tiene cariño, respeto o consideración. Estados Unidos bloquea cualquier resolución que pueda contradecir los deseos de Israel, quien incumple sistemáticamente todas las resoluciones de la Asamblea General.

Claro que Hamas es un movimiento de provocación que crece con sus propios desmanes.  ETA era un movimiento terrorista en España que puso en riesgo la pervivencia de la democracia en este país. Y el GAL y los crímenes de estado fueron juzgados y sancionados como crímenes y abusos de poder, en coherencia con el principio de la proporcionalidad en la defensa de la ley y con el de que los fines no justifican los medios.

Mañana me despertaré con una nueva cifra de asesinados por el Estado de Israel en su inútil, cruel e ilegal ofensiva de Gaza. Me encontraré con los mismos silencios cómplices de los organismos internacionales, de la Unión Europea y de los partidos políticos españoles. Con la indiferencia de los ciudadanos del mundo, que desde un sustrato racista tienen sumido en el subconsciente que los palestinos no se acercan ni de lejos a los derechos de los ciudadanos de los países desarrollados. Los palestinos de hoy, como los judíos de ayer, no tienen quien se interese por ellos. En eso, la historia, de la forma más cruel, ha unido por los lazos de sangre del racismo a dos pueblos, el palestino y el judío, con el cambio de roles insoportable que ha convertido a las víctimas de ayer en los verdugos de hoy.

Cierro la prensa de la mañana sumido en una profunda indignación y tristeza, sobre todo al observar el silencio y la complicidad de muchos intelectuales judíos que han tenido mi respeto hasta que la cobardía o algo peor les ha hecho asumir el rol de los verdugos que tanto repudiaban.

 

PD: El embajador de Israel en España, Hamutal Rogel, ha cargado contra Yolanda Álvarez corresponsal de TVE, en Israel, no solo interfiriendo su trabajo de informar sobre la ofensiva de ese país en Gaza, sino provocando que la dirección de TVE desplace a la corresponsal a Jerusalén, donde solo tenga la propaganda oficial. Quien informa con mínima objetividad sufre las represalias de ese poderoso estado que es Israel.

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Para qué sirve Obama además de apoyar los crímenes de Israel

Espeso silencio sobre el accidente del avión de Malasia en Ucrania. Una matanza en Gaza en la que la proporción en la respuesta a la que obliga el derecho internacional es un sarcasmo. Los civiles y los niños son objetivo bélico. Apoyo Norteamericano y silencio europeo al exterminio de palestinos. Irak al borde de una guerra civil y sectaria. Libia en estado tribal, suministrando yihadistas donde hagan falta. De Egipto no nos ocupamos, aunque se divisa y se intuye lo peor. El apoyo a los insurgentes en Siria a devenido en una fuerza islamista que no tiene fronteras ni control. Impotencia ante los planes expansionistas de Rusia. Con Obama se ha generalizado el espionaje electrónico a todos sus aliados. Y ni siquiera ha cumplido su promesa de cerrar el centro de torturas de Guantánamo,

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Hubo un tiempo en que nos quejábamos del imperialismo belicista norteamericano. Hacíamos bien: fueron un cúmulo de desastres, desde el apoyo a fuerzas de invasión en Cuba, la guerra de Vietnam, el caos de Afganistán, el apoyo a las dictaduras americanas  o la invasión de Irak. Semilleros de inestabilidad de un imperio que era experto en comenzar conflictos e incapaz de zanjarlos.

Muchos pensábamos que Obama era distinto. Lo ha sido en algunos aspectos fundamentales de la política interna norteamericana, como sus esfuerzos por crear un sistema sanitario para los cuarenta millones de norteamericanos sin protección. Ha avanzado en algunos aspectos importantes de la política migratoria. No se ha atrevido a iniciar ninguna regulación de la libre disposición de armas de fuego. Ni a tomar iniciativas contra la pena de muerte con escasas garantías jurídicas que está vigente en muchos estados.

La política exterior ya no tiene hegemonía norteamericana. Es una buena y una mala noticia. El mundo tiene un nuevo equilibrio geoestratégico. China, Rusia, India y  Brasil son fuerzas en expansión que empiezan a tener su propia estrategia económica y política que se va coordinando al margen de los organismos en donde Estados Unidos era quien manejaba la economía y la política mundial. La importancia de Japón, el mejor aliado norteamericano en Asia, está desapareciendo.

Sobrevive un Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en donde Estados Unidos es la garantía de impunidad de Israel. Pero ya nada es lo mismo. Rusia ha sacado pecho y China avanza con sus divisiones económicas ocupando territorio, con paciencia y persistencia oriental. Todavía no le interesa la política sino como soporte de sus planes económicos. No tiene prisa.

El accidente o derribo del avión Malasio tiene todos los visos de haber sido un 11-S en el patio trasero de Rusia. Nadie se ha escandalizado de verdad y los holandeses miran asombrados los cadáveres de sus ciudadanos. El silencio y la prudencia de Obama, en el asunto del avión malasio es sospechoso en quien tiene el servicio de inteligencia más poderoso del mundo. No hay una hoja de ruta para Vladimir Putin. Las sanciones económicas pueden provocar un grave daño a la economía mundial. Y el poder y control de Putin sobre la sociedad rusa augura que aguantará el envite.

Hace tiempo que el mundo no era tan inestable. El peligro de graves confrontaciones está encima de la mesa. Y la respuesta de Estados Unidos es mirar para otro lado, incapaz de planes de contingencia para arreglar.

Obama ha realizado el test de prueba y error confirmando que la Casa Blanca tiene mucha más personalidad que los presidentes que ocupan el Despacho Oval. Quienes pensábamos que podía ser un presidente distinto fuimos sencillamente ingenuos. La historia demuestra que los imperios sucumben a sus debilidades.

En el año 2008, con los juegos Olímpicos de Pekín y la crisis financiera, se comprobó que el gigante también tiene los pies de barro. Hagamos un esfuerzo para imaginar el mundo dentro de veinte años. Y mientras tanto, incrementemos nuestra indignación con el genocidio que lleva a cabo Israel con el pueblo palestino. Aunque casi nadie sea capaz de mirar de frente las matanzas de los telediarios.

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Apuntes a vuelapluma

Pongamos que hablo de Pujol

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Jordi Pujol ha vivido toda su vida envuelto en la bandera catalana, como una prenda propia, íntima y, al mismo tiempo, institucional. Cuando estalló el caso Banca Catalana, como uno de los primeros escándalos político financieros de la transición, Pujol proclamó que Cataluña era él y atacarle era hacerlo a la nación. Y la magia resultó.

Siempre fue un político hábil, astuto, prudente, firme y negociador.  Con el paso de sus 23 años al frente de la Generalitat, Jordi Pujol dejó de ser él mismo y paso a ser, prácticamente, una institución humana, respetada por todo el mundo, en cierto modo, al margen de la trituradora que siempre ha sido la política nacional.

Se entendió con Felipe González y también con José María Aznar. No recibió castigo en la urnas y su figura, medio rupestre de payés, medio de representante de la burguesía ilustrada catalana, adquirió una dimensión por encima de la política.

Sus hijos prendieron las primeras sombras. Hay quien achaca esas andanzas a la influencia de su mujer, Marta Ferrusola, pero suena a actitud machista, cuando se trata de un hombre, de un esposo, con tanta personalidad como Jordi Pujol. Los hijos de Pujol no supieron administrar la leyenda de su padre, tal vez porque les gustaban los coches de lujo para llevar dinero a Andorra en bolsas de El Corte Inglés. Mucho ruido que siempre inspiró temor a quienes investigaban las cuentas de los hijos del muy honorable.

Al final, la leyenda, el mito del President, implosionó desde dentro, desde la confesión del propio Pujol de sus cuentas en Suiza y Andorra, cuando ya estaba acorralado por las autoridades fiscales.

Esto de las herencias es un problema. Se abren las plicas con casi medio siglo de retraso y resulta que papá dejó el dinero en Suiza y los herederos, una vez que las cuentas estaban abiertas, aprovecharon la coyuntura y las fueron engordando. Tanto que se descosió la bolsa y quedó a la vista de todo el mundo.

Suiza es sinónimo de cuentas. Si no que se lo pregunten a los Botín, que dejaron la herencia del abuelo en donde la había situado, en Suiza, para más patriotismo, en plena guerra civil. Luego fueron listos, negociaron, pagaron una miseria y legalizaron la plata.

Pujol quiso ser Cataluña. Y lo fue hasta su confesión. Convengamos, para ser coherentes, que si Jordi Pujol era la encarnación humana de la nación, ésta también ha explotado como mito patriótico. El más patriota de todos se preocupo de llenar el talego a la sombra de la bandera.

Ahora le toca a Artur Mas gestionar todo este despropósito, la deshonra del nacionalismo catalán, porque al padre de la paria le han cogido con la mano en el cajón de la pasta. El impacto no puede ser liviano. Y la nación catalana con la que sueña Artur Mas ha terminado por convertirse en una pesadilla. Y no solo por las cuentas de Pujol.

Si este episodio fuera una película, nadie iría a verla porque sería considerada demasiada ciencia ficción. Pero resulta que es tan real como la misma vida. Como era el mito de honradez patriótica de Jordi Pujol.

 

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Han caído torres más altas que el PSOE

El PSOE es una organización imprescindible en el contexto histórico de los dos últimos siglos. Su capacidad de resistencia culminó con la supervivencia a la guerra civil y la cruel dictadura. En la transición y en la transformación de España ha sido un pilar sólido que ha permitido que la democracia se consolide y que España se modernice. Y también ha sido víctima y promotor de la profunda crisis sistémica que ha asolado nuestro sistema de convivencia. Su permanencia en el poder durante largos periodos en los últimos treinta años ha erosionado sus esencias y le ha convertido en una suerte de partido institucional cuyos militantes no tenían otra vigencia que la aspiración a ocupar un cargo público. Los militantes no tienen tareas políticas al margen de las instituciones. Y su desconexión con la sociedad le ha llevado a un colapso orgánico, político e ideológico.

Por primera vez en muchos años hay un debate interno vivo que se manifiesta en el empate que se vislumbra entre dos de los candidatos en estas elecciones directas. Una de las mejores noticias es el final de la unanimidad y del control directo del aparato que se manifestó la última vez en la designación de la candidata a la presidencia de Andalucía y de esa federación del PSOE, Susana Díaz, hecho constatable con independencia de que el resultado de ese ejercicio de dirigismo haya resultado positivo o al menos útil.

Los dos candidatos socialistas en las elecciones del próximo domingo tienen la enorme responsabilidad de enderezar el rumbo del partido, no solamente en términos electorales.

Una organización democrática de izquierda tiene que aspirar a tener tentáculos directos en la sociedad. En la vida sindical, en la vida de los colectivos enfrentados a la contrarrevolución conservadora y en la formulación de movimientos ciudadanos. En esa línea se ha manifestado Eduardo Madina. Entender que la actividad de los militantes, su toma de responsabilidades en la dirección del partido, no puede suponer una amenaza para las hegemonías de cualquier aparato. Porque un partido socialdemócrata tiene que aprender a convivir con un profundo debate interno, con la participación de sus militantes en la vida orgánica de forma permanente. Abandonar el miedo a que la pérdida de control les reste posibilidades electorales. No puede haber temor a que los militantes asuman el rol del ejercicio de la soberanía dentro de la organización.

Las elecciones europeas no han sido más que la culminación de un proceso de descomposición de la estructura de partidos. Y ese proceso no se ha detenido. Es dinámico porque está empujado por la profunda desconfianza de los ciudadanos en los partidos. Y no está exento de esta amenaza ninguno de los partidos que forman parte del establishment no están blindado contra su desaparición. La historia demuestra que organizaciones de poder que se creían eternas e indestructibles han caído como las torres de Jericó. Y el PSOE, con todos los meritos de su larga trayectoria no es una excepción.

El próximo congreso no puede reducir su debate a la elección de un líder. Esa debe ser la consecuencia de la construcción de un entramado político sólido que de respuestas a las múltiples crisis de nuestro sistema socioeconómico. Probablemente es la última oportunidad que tienen los militantes del PSOE de detener el declive de la organización y construir el socialismo democrático del siglo XXI. Y hay que comenzar por una proyecto político socialista que permita que los ciudadanos recuperen la confianza en el PSOE.

 

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Mónica Oriol y los trabajadores que no valen “paná”

Hace tiempo que teníamos noticias de la ausencia de contención dialéctica de Mónica de Oriol, presidenta del Círculo de Empresarios. Tiene ese rasgo de la personalidad que induce a decir lo que de verdad piensa, sin pararse en razones de oportunidad. Es de agradecer que en este mundo de hipócritas no sea políticamente correcta y se le escape ese clasismo que lleva dentro, probablemente envuelto en su apellido de antiguos oligarcas franquistas.

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Esta señora piensa que hay que bajar el salario mínimo interprofesional. Seguramente porque está convencida de que con poco más de seiscientos euros se puede mantener una familia con el mínimo de dignidad al que tiene derecho todo ser humano.

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