Carlos Carnicero

Podemos e IU se apuntan a la obsesión de ganar

Ya no se habla apenas de proyectos políticos. Se han acuñado frases como “caballo ganador” al referirse al alquiler de un candidato, ajeno al partido, que pueda dar más votos. En época de Zapatero se utilizaron muchos “caballos ganadores”. Algunos resultaron un fiasco: Miguel Sebastián ni siquiera recogió el acta de concejal. Felipe González contrató al juez Garzón y luego estuvo a punto de meter en la cárcel al presidente de gobierno.

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Los independientes paracaidistas en circunscripciones con las que no tenían nada que ver abundaron. Incluso fueron ministros y todos abandonaron el escaño cuando dejaron de serlo.

Hubo un tiempo que los partidos tenían señas de identidad, proyectos y sueños. Los militantes no tenían tantos intereses personales como deseo de apoyar un partido para cambiar o gestionar la sociedad. Eso ya es historia. Y la historia del partido, su ideología y su programa eran lo más importantes. No se quería ganar a cualquier precio.

Pero no se trata de un vicio de los “viejos partidos”. Los nuevos no han tardado en aprender estas triquiñuelas.

Podemos ha hecho cuenta de los votos que perderá en las próximas elecciones y ha hecho una OPA sobre Izquierda Unida.

Hay algunas joyas de lo que pensaba Pablo Iglesias, hace solo unos meses, del partido que lidera Alberto Garzón. Decía el líder de Podemos: Sois unos cenizos. No quiero que cenizos políticos, que en 25 años han sido incapaces de hacer nada, no quiero que dirigentes políticos de Izquierda Unida, y yo trabajé para ellos, que son incapaces de leer la situación política del país, se acerquen a nosotros”.

Ahora eso ya es historia. Quizá el más honesto ha sido Iñigo Errejón al hablar del pacto con Izquierda Unida. Ha dicho claramente que se trata de echar una mano para sacar más votos.

Creo que en todo caso se desprecia la capacidad del elector de ser dueño de su voto. Se supone que quien votó a Izquierda Unida apoyará el acuerdo en el que se funde con Podemos. Pero quien pudo apuntarse a caballo ganador en diciembre y se quedó en Izquierda Unida, ¿por qué iba a cambiar su voto ahora?

Está por ver si esa alianza funciona. Si suma más que resta. Pero en todo caso, es un punto de inflexión, probablemente sin retorno, para Izquierda Unida que ha decido unir su destino a quien tanto le despreciaba por un puñado de escaños.

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Quince días para volver a empezar sin que nada haya cambiado

No estamos acostumbrados a vivir sin gobierno. La economía empieza a dar síntomas de cansancio. Faltan quince días para que se disuelvan Las Cortes y no existe el menor indicio de que se consiga un acuerdo para investir un gobierno.

Mariano Rajoy resiste el rosario de escándalos que asedian a su partido. Suelta lastre. Abandona a su suerte al ministro Soria a quien ni siquiera agradece Soraya Sáez de Santamaría los servicios prestados. Montoro es más cruel: “no puede ser ministro quien opera desde paraísos fiscales”. Da por sentado que el ministro cesado utilizó las sociedades descubiertas en los papeles de Panamá.

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El alcalde de Granada, detenido y puesto en libertad, no recibe siquiera el beneficio de la duda. Suspenden automáticamente su militancia y le piden la dimisión desde su propio partido. A partir de ahora no habrá piedad para ningún nuevo sospechoso de corrupción en el PP.

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La dimisión de Aguirre organiza el funeral de Rajoy

Siempre he pensado que Esperanza Aguirre no ha dado en su vida una puntada sin hilo. A estas alturas, un poco tarde, asumir sus responsabilidades políticas por la corrupción en el PP de Madrid determina la necesidad de que Mariano Rajoy asuma sus responsabilidades por todos los escándalos políticos que le han rodeado. Desde Gürtell hasta los epicentros de corrupción en Valencia; de la destrucción de los ordenadores a los abrazos públicos a Rita Barbera, a Jaume Matas y a Luis Bárcenas.

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Esperanza Aguirre ha encendido la mecha de la implosión del Partido Popular de Mariano Rajoy. Su dimisión señala el camino de salida de todo el equipo íntimo de Mariano Rajoy y de la renovación del Partido Popular.

Determina también y confirma que sería un suicidio político que este Partido Popular concurriera a unas elecciones inminentes bajo el liderazgo de Mariano Rajoy. Ahora, el PP tiene que elegir entre impedir nuevas elecciones, favoreciendo una investidura del PSOE con Ciudadanos, o atreverse a afrontar los comicios en una de las peores circunstancias posibles.

La dimisión de Aguirre es el último acto de una larga guerra contra el actual presidente del PP y de Gobierno. Se ha retirado de la política con un gesto que puede honrarle pero que es una puñada fatal para Rajoy.

Los próximos días van a ser de una intensidad política estresante. Impensable que Mariano Rajoy cumpla su compromiso de intentar una investidura en estas circunstancias. Pedro Sánchez agotará las posibilidades de un entendimiento que para mi es imposible con Podemos. Y la última baza, extraordinariamente difícil, sería un acuerdo del PSOE con Podemos para jugarse todo a que el PP prefiera abstenerse que condenarse a ir a las urnas.

Nos esperan unos días o semanas apasionantes, en los que los líderes tendrán que demostrar si tienen nervios de acero.

 

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Apuntes a vuelapluma

Encuestas, confusión y falta de entusiasmo

No tenemos costumbre de un proceso de negociación de cuatro meses para formar gobierno, encima sin resultados. Vuelta a empezar. Primera discusión bizantina: ¿es una segunda vuelta? Imposible: en las segundas vueltas, en los países que hay este sistema electoral, solo pasan los dos primeros partidos. En España, si nos encontráramos ante una segunda vuelta, solo participarían el PP y el PSOE.

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La noche del 26 de Junio sabremos a quienes les toca intentar formar gobierno. Las encuestas que se publican son confusas. Se establecen dos postulados: habrá menor participación, lo que favorecería al PP, y se adjudica a este partido una victoria más holgada que el 20 de diciembre.

También hay expectación por la fusión o alianza de Podemos e Izquierda Unida. Si se produce esta coalición, la lucha por la hegemonía de la izquierda será sangrienta. Los estudios demoscópicos establecen una solución matemática para los votos que sumaron estos dos partidos en las elecciones de diciembre. Tengo mis dudas de que todos los votantes de Izquierda Unida aplaudan con sus votos la fusión con Podemos y viceversa. Electoralmente no funcionan obligatoriamente las sumas matemáticas. Es posible que a muchos votantes de Izquierda Unida no les entusiasme aupar el populismo autoritario de Podemos. Y a lo mejor, a votantes de Podemos no les guste la identificación con una izquierda comunista.

El PSOE es el que peor parado sale en los pronósticos. Creo que hay un voto vergonzante o resignado en el PSOE que esconderían los consultados en las encuestas. Hay quien piensa que eliminar a Izquierda Unida con la fusión con Podemos, facilita esclarecer el panorama en la izquierda electoral. Si fuera así, el PSOE podría aglutinar al electorado de izquierda tradicional.

Si gana Rajoy se establecerá la paradoja de que para ganar basta con no hacer nada y que estar envuelto en la corrupción no perjudica electoralmente.

Creo que el escenario es distinto del 20-D y no se repetirán los resultados y habrá muchos matices. Entre otros la capacidad de Ciudadanos de succionar votos del PP.

Solo nos queda esperar para comprobar el estado de ánimo de los electores.

Una eternidad hasta el 20 de diciembre

Dos meses es mucho tiempo en un país paralizado por la cita electoral. El Gobierno inaugura; Rajoy hace paellas en el feudo valenciano que está en peligro. Pedro Sánchez busca en el fondo de la chistera para redondear un programa electoral que rasque el voto perdido. Albert Rivera es prudente para no actuar sobre las expectativas que pueden ser un boomerang. Y Podemos, ahora en baja, trata de equilibrar sus defectos, sus aristas, para recuperar la ilusión perdida.

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Y, mientras tanto, la gestión de los asuntos públicos está paralizada en Cataluña. El lodo de la corrupción sigue subiendo de nivel desde las sentinas de Convergencia Democrática de Cataluña. El secesionismo está herido por el hedor insoportable de las tramas de corrupción que salpican a los dos presidentes nacionalistas que ha tenido Cataluña en democracia.

Con los documentos incautados en las últimas redadas a empresarios y funcionarios públicos de la Generalitat podremos conocer en las próximas semanas detalles que terminarán con la carrera política de Artur Mas. Es casi metafísicamente imposible que la CUP, anticapitalista y antisistema que ha tenido la bandera de lucha contra la corrupción como eje de sus resultados electorales, conceda la investidura a Artur Mas. Y no creo que sea posible una candidatura independentista unitaria el 20-D porque la contaminación de la corrupción de Convergencia no puede obviarse ni con la bandera del patriotismo de billetera.

España está paralizada por demasiadas incertidumbres. El 20-D cambiará el modelo político español donde se acaba el bipartidismo y será complicado construir mayorías de gobierno.

En política, demasiado tiempo es peor que tiempo escaso. Porque las cartas ya están echadas y se pueden recalentar en esta espera de dos meses.

Nadie se atreve a hacer un vaticinio pero hay algunas evidencias. Mariano Rajoy, sin carisma, con el partido deprimido y sin tiempos para cambios, tiene muy complicada la recuperación de votos que le permita un resultado aceptable. El fantasma del desastre le sigue de cerca.

Las apuestas más interesantes circulan alrededor del tirón final de Albert Rivera y si es capaz del sorpasso que le permita la hegemonía del centro político.

Pedro Sánchez sigue en liderazgo vigilado. Si no puede formar gobierno, será el secretario general que menos tiempo ha ocupado su cargo.

En cuanto a Podemos, tiene el estigma de estar pasado de moda. Ya no vende la coleta y la camisa de cuadros. Y el personaje irrita cuando aparece en la televisión que le dio la vida.

Tenemos que tener paciencia. Dos meses son largos, pero no nos queda otra que esperar.

Irene Lozano y el suave aroma de los paracaidistas independientes.

El PSOE ya ha experimentado la tentación de los independientes, o “caballos blancos”, como se llamaron en la época de Zapatero. Hubo un tiempo en que era casi más fácil ser candidato si se era independiente que si se era sacrificado militante del partido. Quién no se acuerda de la operación de regeneración del partido que hicieron Felipe González y José Bono con el juez Baltasar Garzón. Nada menos que número dos de la lista electoral del PSOE por Madrid. Justo después del mismísimo Felipe González.

Creo que no hace falta como salio la entrada y salida de Garzón por la puerta giratoria del partido a la judicatura. Volvió, sacó los papeles a punto de prescribir de su despacho de la Audiencia Nacional, y estuvo a punto de meter en la cárcel al mismísimo presidente. Lo consiguió con Barrionuevo y Vera. Y a muchos no les pareció aquello una venganza o una revancha. Vivir para ver.

Irene Lozano ha conseguido en la lotería electoral del PSOE el número cuatro de Madrid. Y ha sido modesta en la explicación de su travestismo político: “Mi llegada demuestra el compromiso de Pedro Sánchez con la regeneración”. ¡Casi nada”. Por lo menos sabemos que tiene un alto concepto de sí misma.

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