Diez claves para entender la rebelión. Grandes partidos: una seducción inútil y precipitada
En unos años se estudiará en las universidades, sin duda, el fenómeno “¡Democracia real ya¡” como un buldózer que irrumpió en una campaña electoral sin pedir permiso y distorsionó el sistema de partidos en España.
Lo que suceda a partir de ahora dependerá de la inteligencia y la perseverancia del movimiento iniciado. Las resistencias del sistema irán desde los intentos de seducción para succionarlo –una vez que se ha visto la fuerza popular que lo soporta-, (Carme Chacón considera todas las reivindicaciones posibles después de seis años en el Gobierno), hasta la infiltración, pasando naturalmente por toda clase de operaciones de descrédito. La historia enseña, aunque no obliga.
Soy un afortunado por haber asistido activamente al derrumbamiento del franquismo y a la construcción de la democracia y ahora al asalto del sistema democrático esclerotizado llevado a cabo por unos ciudadanos capaces de dar el salto desde la indignación a la reacción.
Los grandes acontecimientos exhiben señales de humo para anunciar su precipitación. No son perceptibles para quienes no les interesa que se materialicen en hechos. El stablishment –formidable concepto que define el confort y el acomodamiento a la conveniencia- no hace caso a los avisos que se emiten porque no está dispuesto a dejar que las cosas cambien.
Hagamos un ligero repaso del caldo de cultivo del 15-M y de ¡Democracia real Ya¡.
Primero: hemos asistido durante ya casi cinco años al estallido y expansión de una crisis promovida exclusivamente por el exceso de oferta de crédito y la avaricia sin límites ni regulaciones de los que son dictadores de los sistemas financieros. No ha habido respuesta ni desde la ONU ni desde el G-20 –del que nadie habla ya como organismos regulador y rectificador de los excesos de los mercados- ni desde los organismos de la Unión Europea que aparecen ante los ciudadanos como una mala caricatura de lo que fue un proyecto formidable.
Segundo: la socialdemocracia y los demás partidos de izquierda, una vez derrumbado el Muro de Berlín, se acomodaron al campo de juego del neoliberalismo económico, pensando que era mejor estar dentro que programar la progresión de la igualdad. Aceptaron jugar en el terreno enfangado del capitalismo sin control, cediendo la soberanía política, sin percatarse de que los mercados tenían botas de tacos y a los ciudadanos se les obligaba a jugar descalzos.
Tercero: La desafección de la política ha tocado de muerte a los partidos de izquierda, convertidos en verdaderas sociedades anónimas de las presuntas ideas, gobernados por ejecutivas que son consejos de administración blindados para que no entre nadie que no sea de confianza de los jefes de la organización.
Cuarto: en las bases de los partidos de izquierda sigue existiendo gente honrada, con compromiso político e ideales, que asisten desconcertados al derrumbe de un modelo ideológico y político construidos con mucho esfuerzo por nuestros padres y nuestros abuelos del que se han apropiado unos dirigentes que han perdido toda conexión con la realidad.
Quinto: quienes denuncian estos atropellos saben que la protección de las élites de los partidos, hasta ahora, hacían imposible su transformación porque el sistema de clientelismo e incondicionalidad ha sustituído a la meritocracia: no manda quien más capacidad tiene, sino que se coopta a quienes son más sumisos, al igual que ocurre en las sociedades mercantiles.
Sexto: El PSOE, y su secretario general, aceptó someterse al dictado de los mercados sin un atisbo de rebeldía. La noche que recibió la llamada de Barack Obama y de Hi Jun Tao se asustó como un alumno que ha falsificado las notas, cuando se le descubre: tenía que haber echado un órdago a los dictados de los representantes de la economía mundial: “con cuatro millones de parados, no se pueden hacer ajustes a tres años”. Y si hubiera perdido el pulso político, tenía que haber disuelto Las Cortes Generales y haber convocado elecciones anticipadas al grito de “¡no estoy dispuesto a someterme y a renunciar a las ideas que he defendido¡”. Como dicen en México, “se apendejó”.
Séptimo: un supuesto gobierno socialdemócrata ha dictado todo tipo de medidas lesivas para los trabajadores, los funcionarios y los pensionistas y no se ha atrevido, ni siquiera, a una reconvención moral y ética del comportamiento obsceno de los amos de este universo económico: su complicidad es insoslayable e imposible de negar. Ahora, en campaña electoral, se acuerdan de la ley hipotecaria y del empleo de los jóvenes. Y los que quieren primarias, que van a ser una caricatura, se atreven a decir ahora que las reivindicaciones planteadas son asumibles. ¿De verdad se cree Carme Chacón que no se le ve el descaro?
Octavo: en paralelo hemos “disfrutado” de la derecha más carente de moral, de principios y de escrúpulos de la historia de la transición española. Estar inmerso en casos de corrupción se ha convertido, en el PP, en un ariete para hacerse hueco en las listas electorales. Una vez más el chantaje está servido: si criticas y no votas al PSOE, el beneficiario será el PP. La ecuación es otra, “gracias a la falta de principios del PSOE y a sus inmensos errores, un PP sin principios, movilizando a su electorado más radical, va a ganar las elecciones”. Nunca se puede responsabilizar del resultado que se considere negativo de la elección, al voto de los ciudadanos –incluido el voto en blanco o la abstención- por lo que en realidad es fruto de la incapacidad, el egoísmo, y la profesionalización de los políticos de izquierda.
Noveno: no se puede solucionar en una campaña electoral los malos endémicos de la democracia española. El que el domingo tenga una copa llena de vinagre y hiel no tiene más remedio que apurarla. Luego vendrán los procesos de reconversión de una democracia trasnochada que no ha sabido adaptarse para imponer la soberanía política en un mundo globalizado en el que los mercados si han sido capaces de organizar sus privilegios.
Décimo: la indignación reconvertida en rebeldía activa tiene todo el derecho y la legitimidad para abrirse paso en la transformación de unas sociedades en donde las diferencias son insoportables, la dignidad inalcanzable y los sueños y las esperanzas de los más débiles no tienen espacio en un mundo construido en castas, como en la antigua sociedad de la India, en donde en el alto de la pirámide están los elegidos por ellos mismos y hacia abajo se amontonan los parias de la tierra.
Sólo hay una condición verdadera para el triunfo de esta rebelión: sin renunciar a los principios, plantear una estrategia inteligente que permita dar pasos continuos en la dirección adecuada, mediante la agitación y propaganda que incorpore cada vez a más ciudadanos. Y la formulación de metas y de un recorrido lleno de contenidos transformadores y posibles. Capacidad para entender que la asamblea permanente no es capaz de mantener en marcha las reformas y que pueden existir formas de autogestión política que permitan la participación y faciliten el control de las representaciones políticas.
Una sociedad necesita partidos y sindicatos para estructurarse y permitir la acción política. Otra cosa es qué tipos de partidos y qué sindicatos y cuales tienen que ser los mecanismos de control de los ciudadanos para revertir la situación de que los jefes manden y los militantes obedezcan. A partir de ahora, los representantes tienen que ejecutar el mandato de los representados: esa es la verdadera revolución del siglo XXI.
Naturalmente debemos estar preparados para las agresiones de quienes querrán proteger sus posiciones de privilegio.
Y también tenemos que estar dispuestos a cambiar nuestro sistema de vida por uno sostenible, en el que el concepto de felicidad no esté soportado casi exclusivamente por la capacidad de consumo.
Recuperar el objetivo de que los ciudadanos, todos los ciudadanos, tienen que tener asegurada la posibilidad de una vida digna, que merezca la pena ser vivida, en donde sus necesidades básicas estén cubiertas y sus méritos y sus esfuerzos les permitan progresar.

44 Comentarios
Añada su comentario