Alemania juega a la ruleta rusa con el E.coli y con los pepinos
En Alemania está creciendo un sentimiento xenófobo hacia los vecinos del sur de la Unión, en la misma medida que renace un nacionalismo interior. La historia conoce lo que ocurre cuando Alemania se muestra demasiado orgullosa de sí misma y mira alrededor con desprecio o sentido de la superioridad.
Alemania ha sido líder indiscutible de la Unión Europea desde sus inicios, y ha demostrado que su nacionalismo interior se transmutaba en liderazgo continental. Ha sido motor económico de Europa y al mismo tiempo que ejercía la solidaridad en los difíciles momentos de la unificación con la Alemania del Este, se ha potenciando con las exportaciones a los países con los que ha compartido el futuro. Ha sido un intercambio mutuo de intereses.
Ahora, de repente, en pocos años, con la canciller Ángela Mérkel, Europa ha dejado de ser tan importante para los alemanes. Incluso, en mitad de esta crisis financiera, en la que el estado alemán tuvo que inyectar ingentes cantidades de dinero en algunos bancos, la mirada hacia el sur ha sido de desprecio hacia esos supuestos vagos que no quieren trabajar, quieren vivir bien y no saben hacer bien las cosas.
Y de repente llegó el E.coli. Y nadie supo de donde procedía. Con una irresponsabilidad propia y mucho mayor que la de los países que tanto desprecia, Alemania metió una bala en el tambor del revolver y disparó primero a los pepinos españoles. Disparo fallido, sin asumir responsabilidades por los enormes perdidas producidas en la agricultura española. Ahora andan dando tiros a los brotes de Hamburgo, a un restaurante de esta ciudad y, mientras, los muertos suben de veinte. Son incapaces de demostrar que la gran Alemania sabe hacer otra cosa con esta pandemia que jugar a la ruleta rusa. Seguiremos esperando a que la orgullosa Alemania pida perdón por estos fallos imperdonables.
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