Por qué el PSOE no atiende ni entiende a los “indignados”
No hay que ser un fenómeno de la demoscopia para leer inteligentemente las últimas elecciones. En síntesis, muchos electores del PSOE no han votado, lo que le ha permitido ganar ampliamente al PP sin subir espectacularmente sus votos. O han votado a opciones minoritarias. Ha habido un trasvase de votos PSOE-PP pero nada significativo. Es una victoria por desafección de los electores del contrario y por la movilización de los votos propios, sin un crecimiento en número de electores significativo.
El dato es concordante con la estructura sociológica de España: los electores no se han movido de su espectro ideológico, ha sido el PSOE quien se ha desplazado a la derecha. No lo digo sólo yo. Lo dicen los especialistas.
Junto a esto, que es de lo más elemental, ha eclosionado la indignación en forma de rechazo a la institucionalidad. El descontento que anida en la calle no encuentra recorrido en ninguno de los partidos parlamentarios. Ni siquiera Izquierda Unida, sumida en las eternas rencillas internas y la lucha de las facciones entre sí y con el Partido Comunista, han sido capaces de captar ese descontento. Hay una potencialidad política sin estructuras capaces de dejarle transitar por ellas.
Alfredo Pérez Rubalcaba, sin ser todavía candidato oficial, ya ha tenido que suspender un acto de su partido en Valencia, a petición de los militantes de esa comunidad, por la carga policial el día de la constitución del Parlamento. Una manifestación contra la corrupción del PP termina pagándola el gobierno socialista por el uso de la Policía Nacional de forma cuanto menos inapropiada. ¿Sabía la delegación del Gobierno a lo que se exponía cuando dio la orden, que es inimaginable que no la conociera el ministro, como responsable político de las fuerzas de seguridad?
¿Qué va a hacer en lo sucesivo el ministro de Interior cada vez que los “indignados” suban la parada de su propuesta? ¿Va a suspender todas y cada una de las reuniones allí donde haya un problema de orden público?
¿Le obligará eso a renunciar a corto plazo a su posición de vicepresidente del Gobierno y ministro de Interior? ¿Pude aguantar un gobierno socialista sin la presencia de Rubalcaba?
El PSOE cree que los ciudadanos van a percibir lo que ellos pretenden que perciban. Aquí no hay primarias, no ha dimitido ni un solo responsable político por la catástrofe electoral y la explicación se ha despachado con cargar la culpa a la existencia de la crisis y no a la gestión de la crisis. Es cómo si quisieran confirmar que da igual quien haya en el Gobierno, porque la crisis ha tomado forma política y se ha adueñado de las decisiones. Decía El Roto: ¿Si tememos mercados, para qué queremos gobiernos? ¿Qué ventaja tiene votar a este PSOE? Supuestamente que hay una remota posibilidad de que no gane el PP. ¿Es suficiente? Ya no lo es.
La sociedad ha revalido en las encuestas que los “indignados” tienen razón en muchas cosas. Pero no ha habido ni un solo partido –salvo puntualmente Izquierda Unida- que se lo haya reconocido. Este movimiento puede que afloje y tenga dientes de sierra, pero la movilización no desaparecerá hasta que lo hagan las causas que la promueven.
El problema de fondo excede a la voluntad de Rubalcaba: aceptar las exigencias de los movilizados o una parte de las mismas, conllevaría un cambio radical en el modelo de partido del PSOE. Y esa marea arrastraría a los actúales dirigentes.
El problema es que el PSOE, como todos los partidos está lleno de jefes que no quieren perder el bastón de mando interno. Prefieren ser jefes en la oposición que jubilados de la política. Y eso no tiene remedio más que con una revolución interna que es casi imposible de aplicar porque los mecanismos de contención de las revueltas internas son como los de los mercados en la economía. El PSOE tiene sus propias agencias de calificación interna que convierten en bonos basura cualquier intento de cambio.
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