Rubalcaba, los indignados, la calle y la campaña electoral
The Guardian no se ha andado por las ramas e informa de las cargas policiales de Madrid con detalle. Es un periódico progresista y extranjero. Está dejando en ridículo a muchos medios españoles.
Se produce la paradoja que la información tibia de El País sobre los sucesos de ayer contiene una bomba encubierta. El País tiene enlaces a vídeos que contradicen la información del periódico, de forma que la letra impresa se queda muerta frente a las imágenes grabadas que no siendo de El País desmienten, infiltradas en los enlaces del diario, la información que contiene éste.
Rubalcaba tiene un problema al que busca un atajo. Ahora nos informan que el PSOE va a huir de los grandes mítines y de las plazas de toros para hacer una campaña a “pie de calle”. Dice el candidato que va a hacer una “campaña a su estilo”. ¿De verdad ha necesitado treinta años en la dirección del PSOE para definir un estilo de campaña? Ahora va a caminar por el centro de las ciudades para hablar con la gente.
No lo va a tener fácil el PSOE y no lo va a tener fácil Rubalcaba. El que era hasta hace unas semanas ministro de Interior no tiene más remedio que respaldar a su sucesor, Antonio Camacho. Pero las imágenes grabadas revelan que los violentos fueron los policías que golpeaban con saña a personas que tenían los brazos en alto. Si había provocadores, la policía tiene la obligación de identificarlos y detenerlos.
Alfredo Rubalcaba pregunta de quien es la calle. Y también si doscientas personas pueden parar una ciudad. Esa respuesta ya la dio Manuel Fraga Iribarne, ministro de la Gobernación, cuando dijo que la calle era suya.
No lo va a tener fácil el PSOE y no lo va a tener fácil Rubalcaba. El que era hasta hace unas semanas ministro de Interior no tiene más remedio que respaldar a su sucesor, Antonio Camacho. Pero las imágenes grabadas revelan que los violentos fueron los policías que golpeaban con saña a personas que tenían los brazos en alto. Si había provocadores, la policía tiene la obligación de identificarlos y detenerlos.
Doscientas personas, según el candidato socialista, no tienen derecho a alterar la vida ciudadana. Y Los indignados contestan: “unos cuantos especuladores con ordenadores sofisticados no tienen derecho a asaltar los mercados ya a arruinar nuestras vidas”. Todo debe ser proporcional.
Las demandas del 15-M sólo tienen eco en los medios de prensa tradicionales cuando ocupan espacios públicos para sus protestas.
Ningún periódico y ninguna emisora va a los barrios a observar las asambleas. Eso va a tener consecuencias de distinto signo.
Primero: los incondicionales de cada partido toman posiciones numantinas. He observado que connotados periodistas hacen símiles futbolísticos. Dicen que uno es de su equipo sobre todo si pierde. Que no hay que dejar de ser hincha aunque los jugadores fallen. Bueno, eso en realidad no es política; es una religión o una secta. Se cree en lo que no se puede demostrar. Se apoya incluso lo que a uno le disgusta y no está conforme. Fe es creer en lo que no se puede demostrar por adhesión a una causa.
Si la política exige incondicional se va a quedar tan vacía como los seminarios. El espíritu crítico es consecuencia directa del compromiso político: al otro lado sólo está el fanatismo. Si el PP y el PSOE tocan arrebato, sus iglesias también se van a quedar vacías.
Segundo: los medios de comunicación tradicionales están en una pinza difícil. Por una parte el papel –y también las emisoras de radio- tienen dificultades de publicidad y pérdidas de oyentes y lectores ante el empuje de las nuevas tecnologías. Y la democracia 2.0 empieza a encontrar sus propios nichos informativos. La prueba son los artículos y los vídeos que se cuelgan en la red y que los periódicos, desbordados por los límites de sus líneas editoriales y sus servidumbres políticas, cuelgan los que contradicen su propia información. El descrédito se articula desde sus propias contradicciones.
Tercero: con una democracia desbordada por los mercados, unas instituciones incapaces de contener las agresiones de los especuladores y de dar soluciones reales, ¿no están perdiendo legitimidad a pasos agigantados?
La campaña que anuncia Rubalcaba “más cercana al ciudadano” empieza la pendiente de la marginalidad. Si el PSOE no puede reunir a sus seguidores en plazas de toros empieza la ficción de la política. Se graban actos pequeños, besando niños y abrazando personas mayores, para que los medios afines lo difundan como si fueran actos importantes. Eso es casi marginalidad
Cuarto: los grandes partidos no quieren reconocer su pérdida de espacio porque eso les llevaría a cuestionar el ejercicio de la política tal y como lo hacen.
La calle está llena de trampas para todos. Los indignados no pueden perder la imagen de pacifistas. No pueden permitir infiltrados. Las fuerzas de seguridad no pueden ser violentas y perder los nervios. Los partidos no pueden dejar de oír el clamor del descontento. Los medios de comunicación perderán crédito si ignoran lo que sucede. Y los mercados no pueden campar como si esto fuera una finca. Demasiadas cosas que no se debieran consentir y están sucediendo.
O las instituciones ordenan y solucionan los problemas, o la sociedad pasará por encima de ellas. Y eso está empezando a ocurrir.
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