A propósito de la tauromaquia y las prohibiciones
Me atrevo, y sin pedir perdón. Espero vuestros arpones contra la libertad de pensamiento.
Me imagino que es inútil pedir permiso para tener matices en el asunto de la tauromaquia. Se nos exige todos los días radicalidad. Lo siento, no estoy dispuesto a someterme.
Empezaré por el final: ¿han previsto los partidarios de liquidar las corridas de toros la supervivencia del toro bravo español? Las corridas de toros son un fenómeno cultural ejercido desde la barbarie de una lucha desigual entre quien la naturaleza dotó para el combate (el toro bravo) y quien la naturaleza dotó de inteligencia para dominar a la bestia con el arte y la habilidad, con reglas. Es cierto que casi siempre gana el torero; pero hay muertos ilustres por toros atrevidos.
Nadie financiará dehesas para que vivan toros bravos. Demos por liquidada la especie.
Naturalmente abomino de la crueldad. Odio la explotación de los niños; las desigualdades lacerantes. Me horrorizan los prostíbulos en nuestras carreteras y no conozco manifestaciones de vecinos pidiendo su cierre.
No entiendo el boxeo. Me horroriza la agonía de la ballena cuando es arponeada. Desconozco los detalles de la asfixia de la merluza y los chipirones de anzuelo. No sé si las vacas, cuando son atontadas por la corriente eléctrica antes de ser desangradas, sufren mucho.
Naturalmente abomino de la crueldad. Odio la explotación de los niños; las desigualdades lacerantes. Me horrorizan los prostíbulos en nuestras carreteras y no conozco manifestaciones de vecinos pidiendo su cierre.
No he oído protestas por las condiciones en las que son trasladados los cerdos. Ni por las muertes prematuras de los corderos lechales. Desconozco si los cochinillos de Segovia desean vivir un rato más.
No me gustan los toros, salvo por el colorido de la fiesta, por los versos de García Lorca y por lo trasnochado del festejo.
Admiró a José Tomás. He visto una corrida desde el callejón y no saldría a la plaza ni por todo el oro del mundo.
Respeto a los antitaurinos y lamento que ellos no respeten a los que gozan de la fiesta. Aun cuando no me gusta que el toro sufra, que la merluza agonice y que las ballenas se estén extinguiendo.
Ahora, vuestro turno con los arpones contra la libertad de pensamiento.
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