Despropósitos en Donosti
La declaración final de la llamada Conferencia de Paz de Donosti es un cúmulo de despropósitos que retrata, en el mejor de los casos, la ignorancia de sus protagonistas, y en el peor, el deseo de hacer pasar a unos terroristas por combatientes de una guerra que no ha existido.
No hace falta leer más que el primer párrafo de la llamada Conferencia de Paz para saber que es un disparate. Basta con comprobar que ni siquiera la fecha es correcta para enjuiciar que se trata de un mero acto de propaganda en el que no se ha acertado ni al fechar el mensaje.
El terrorismo de ETA se califica como “la última confrontación armada de Europa”; no es un eufemismo, es una ofensa al conjunto de los demócratas vascos y españoles. Lo que ha sido la utilización de la tecnología del tiro en la nuca se llama “confrontación armada”. Lo que es una organización terrorista quiere pretender la cualificación de un ejército en lucha con otro. Un disparate.
ETA tiene que desaparecer pero que no espere nuestro aplauso ni el cambio en la conceptualización de lo que ha sido: una organización terrorista.
ETA deja de matar porque no tiene fuerza para seguir haciendo. Y quiere envolver su derrota en una dignificación de su macabra historia a lo que los demócratas no podemos plegarnos.
Lo ocurrido en Donosti convierte a sus organizadores en unos vicarios de la organización terrorista en su vano intento por camuflar sus miserias.
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