Rubalcaba y el hundimiento inevitable
No puede haber peor escenario para un PSOE que cada día se desayuna con una noticia negativa para la economía española. El desafecto de los votantes de izquierda hacia Rubalcaba sitúa a los socialistas españoles más allá del peor resultado de la historia moderna. La catarsis tendrá que ser adecuada a la magnitud de la catástrofe y se va a llevar por delante a toda la generación de Zapatero y también a la de Rubalcaba.
Las encuestas del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) son las más sólidas y serias muestras demoscópicas de nuestro país. Con casi dieciocho mil consultas concienzudas, formalizan la radiografía del estado de ánimo y el pensamiento de los españoles. Además, con la serie histórica de esos estudios se mide la evolución de la sociedad española con notable precisión.
La última encuesta del CIS prevé un tsunami de proporciones históricas en la política española, adjudicando al PP una ventaja de 17 puntos y 74 escaños sobre el partido que en este momento todavía gobierna España. El PSOE tiene que rezar para llegar a los 110 escaños.
El llamado “efecto Rubalcaba” ha resultado ser una pifia. No ha tenido crédito el intento de tratar a los votantes de izquierdas como si fueran niños a los que se les ha proporcionado un tratamiento mientras Alfredo Rubalcaba era presidente del Gobierno y se les promete caramelos imposibles cuando es candidato.
A todas luces, salvo mediante un milagro laico, la remontada es imposible. Porque el mal del PSOE se superpone a la anterior catástrofe en las elecciones municipales y autonómicas que dejó al PSOE sin poder territorial. España se ha acostumbrado a prescindir de los socialistas.
El llamado “efecto Rubalcaba” ha resultado ser una pifia. No ha tenido crédito el intento de tratar a los votantes de izquierdas como si fueran niños a los que se les ha proporcionado un tratamiento mientras Alfredo Rubalcaba era vicepresidente del Gobierno y se les promete caramelos imposibles cuando es candidato.
Nada sirve, ni esconder en la campaña al presidente Zapatero en el trastero ni resucitar a un Felipe González para desde dentro de los consejos de Administración pretender recuperar el frescor de la pana. La paradoja es que este PSOE escondió todos su valores en el baúl de la abuela, incluido Felipe González, y ahora les quita el polvo a todo correr. La gente, como mucho, piensa que esto es carnaval.
El problema del PSOE ya no es el día 20, sino el día 21. Limpieza general, sulfatado de los dirigentes que se han apoltronado diciendo amén a todas las ocurrencias de Zapatero, que son casi todos, y búsqueda de una brújula que les haga entender que el socialismo solo tiene interés para los ciudadanos si es capaz de hacer un programa de crecimiento mediante el compromiso de redistribución de la riqueza y una recomposición de la democracia que recoja las exigencias de control del poder que salen a la calle cada día que el 15-M toca llamada.

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