Rubalcaba, aplastado entre Felipe y la sombra de ZP
No va más, la ruleta está funcionando. Y el PSOE ha puesto hasta la última ficha. Hacer del tándem Felipe-Guerra las estrellas, teloneros de Rubalcaba, es el mejor indicador de la catástrofe socialista actual. El vicesecretario general del PSOE está escondido hasta que se sepa que pone el auto judicial remitido al supremo. Marcelino Iglesias es un lobo solitario sin una pieza que echarse a la boca. Y el resto de los dirigentes del actual PSOE están escondidos para ver si sobreviven. Señores, las estrellas de este eclipse son el pasado.
Siento un enorme respeto personal y político por Felipe González y Alfonso Guerra. La historia predetermina que dos o más liderazgos poderosos no pueden coexistir. La historia del comunismo es la del exterminio del competidor que perdió.
Les pasó a Fidel Castro y al Ché y evitaron la confrontación con el exilio voluntario y fatalista de Ernesto Ché Guevara a una guerrilla boliviana que era una inmolación.
Felipe se fue con la condición de que también lo hiciera Guerra. De esa transformación del partido nació el vano intento de liderazgo de Joaquín Almunia, el invento de unas trágicas primarias y la eclosión de José Luis Rodríguez Zapatero.
No hay peor mezcla que la de soberbia con ignorancia. Un ignorante tiene que ser humilde y un soberbio, inteligente. Zapatero quiso borrar la historia del felipismo también para aplacar a Pedro J. Ramírez. Hay que ver lo que Miguel Barroso ha colaborado en el hundimiento y lo que le queda por hacer para ser secretario general consorte.
ZP Renunció a la trayectoria de un PSOE que modernizó España y la introdujo en Europa para librarse de la sombra de la cárcel de Guadalajara. Y también por sus complejos. No he conocido a nadie menos solidario y más oportunista. Sólo se fía de quien no tiene poder orgánico propio. De ahí la fuerza del “clan de los barrosidos”.
Nunca quiso a nadie brillante a su lado que no fuera sumiso. Alfredo Pérez Rubalcaba ha sido brillante, pero también sumiso. Y por eso es el único sobreviviente del felipismo: es un flotador que si le pilla un Tsunami en Yokohama aparece flotando y sonriente en San Francisco.
La foto de Dos Hermanas es la crónica de una tragedia histórica. Tres, fueron tres, pero faltaba el padre intelectual de la deconstrucción del socialismo español. José Luis Rodríguez Zapatero, en esta campaña, está en el sótano con las baúles viejos que uno no termina de tirar pero que tan poco usará nunca jamás.
Y Rubalcaba se ha inventado una época que ya no existe. La nostalgia nunca proporciona el triunfo ni saca de un atolladero. Ayer, solo había nostalgia
Para mi generación, ver abrazarse a Alfonso y a Felipe en un mitin es un acto emocional sin carga de futuro. Ya fueron. No serán. Y no han sido porque José Luis Rodríguez Zapatero no les ha dado ni un papel de figurantes durante diez años. Y además, porque Felipe, ahora, es consejero de administración de multinacionales. Alfonso sigue porque es un obrero de la política.
Y Rubalcaba ha estado siempre callado, en posición de firmes, a las órdenes de Zapatero. Ahora finge que no le conocía.
Dos Hermanas es el testimonio inamovible del fracaso histórico de Zapatero; no se ha terminado de ir y le han cambiado hasta el atrezzo de una obra inacabada y suspendida por el incendio del teatro.
Vamos a asistir a un sainete trágico que personalmente me duele. El final de este socialismo. No está garantizado que este PSOE encuentre su Suresnes, porque los capitanes de este barco querrán seguir teniendo coche oficial en la oposición y los militantes sobrecogidos y disciplinados como pocos, ya no sé si tendrán fuerzas. Zapatero ha sido una tragedia para el socialismo español de la que no se sabe si existe antídoto.

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