Ni siquiera Robin Hood detiene los mercados.
La política está siendo derrotada por la economía porque no hay líderes mundiales que defiendan a los ciudadanos frente al tirano que controla los mercados. Estamos desasistidos y pendientes de unas elecciones que no nos aportarán soluciones porque el monstruo financiero ha perdido el respeto a las instituciones.
A 48 horas del resultado electoral, el miedo es el gran protagonista de la campaña. Cada día las primas de riesgo nos levantan con ataques organizados a la deuda española que ha estado en zona de rescate. Y cada día se comprueba que las defensas instaladas por la política contra los mercados son tan ineficaces que sólo cuando el Banco Central Europeo despliega la compra de deuda se achican los mercados asesinos.
Se están quedando sin argumentos. Si el problema era que los “vagos del sur” hemos gastado demasiado y no devolvemos los préstamos, por qué está en riesgo Francia, amenazada Bélgica y en posiciones de peligro Austria.
Los tiburones se comen primero los peces más pequeños, y cuando se han debilitado esas especies, atacan a los más grandes. El problema no es el tamaño de las economías sino la voracidad de los mercados. Se han vuelto insaciables. Empiezan a sentir que se acaba una época y están haciendo caja por si el futuro es menos neoliberal.
Hay algo que no se entiende bien: por qué los poderes financieros iban a apostar por el empobrecimiento de las naciones desarrolladas. Ellos necesitan consumidores, no ciudadanos. Ellos necesitan obsesión por las marcas, por las 16 válvulas y por la compra del centro comercial de cientos de productos que se podrían vivir sin ellos.
Les ha fallado el cálculo. Inventaron la economía financiera pensando que las sociedades no tienen fondo. Y el monstruo ha tomado vida propia. Las computadoras que manejan la amenaza a la deuda está destruyendo el estado del bienestar. Y el daño colateral son sociedades empobrecidas con élites tan ricas y tan reducidas que se van a quedar sin nadie, más que ellos mismos, para jugar al golf.
Cuando se encienden los ordenadores en la madrugada para organizar los ataques especulativos el monstruo que han creado no para de realizar operaciones de compra y venta en procesos infinitos. Solo se detienen cuando no hay víctimas o cuando la señora Merkel despliega sus divisiones del Banco Central Europeo. Entonces se repliegan los mercados para hacer la digestión y planear el siguiente ataque.
Nosotros solo tenemos el recurso del miedo. En el fondo la elección de mañana es una liturgia sin sentido porque ni Rajoy ni Rubalcaba tienen la poción mágica para vencer a los mercados.
Falta poco para sacar a la Virgen y a los santos de cada pueblo en rogativa. No para que llueva, sino para que se corte la luz en el mundo y se apaguen las computadoras y duerman al monstruo. Entonces dormiremos sin miedo aunque no tengamos tarjeta de crédito.
Solo nos podría salvar un Robin Hood que empezara a robar a estos ladrones poderosos para repartir el botín acumulado entre la gente común. De momento, el malvado Juan se está quedando con todo y ni siquiera existe un bosque de Sherwood.

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