Los barones del PSOE maniobran para secuestrar el debate congresual
No se percibe desde el exterior del universo del PSOE ninguna reacción a la maniobra del aparato por controlar un proceso congresual sin tiempo material para analizar un debate profundo y buscar alternativas. Otra ceremonia de marketing, en Andalucía por imperativo electoral, para darle una capa de barniz a una madera carcomida por las termitas. Más de lo mismo. Y el silencio dramático de unas bases que no reaccionan frente al secuestro de la democracia interna por unos señores feudales que ni siquiera gobiernas en sus taifas.
Es imposible ignorar que España se paraliza el día 22 de diciembre, con el sorteo de la Lotería de Navidad –que se ha librado de estar privatizada solo porque no había compradores- y se recupera, con resaca, el día 7 de enero, después de la festividad de Reyes. Este año puede que la Navidad esté algo movidita por la constitución del Parlamento, el debate de investidura y el nombramiento de Gobierno.
Estas circunstancias costumbristas no han sido inconveniente para que el actual secretario general del PSOE, en estado tan precario como el resultado electoral, haya convocado congreso ordinario en la primera quincena de febrero o la última semana de enero. Es decir, el plazo de realización de los prolegómenos del congreso es de poco más de un mes, con los recortes de las fiestas de Navidad.
Nunca en la reciente historia de España el PSOE había recibido una descalificación como la que acumulan los resultados de las elecciones autonómicas y locales y las generales. Pérdida casi absoluta de poder territorial, un grupo parlamentario precario, que además ha dejado fuera a valores sólidos del partido y ha incluidos compromisos personales del candidato Rubalcaba.
Pues a esta crisis profunda y desconocida del socialismo español se le quiere dar un remedo de barniz publicitario en una ceremonia que pretende ser amañada por los barones del partido, que se van pronunciando sobre sus preferencias sin haberse tomado la molestia, aunque fuera rutinaria, de consultar con los órganos de decisión de los que son vicarios y administradores del poder interno.
Una vez más hay más prisas por cerrar una crisis, controlando el proceso desde arriba que tomarse el tiempo preciso para reflexionar en profundidad, dando la palabra a las bases del partido.
El vector de estas prisas son las elecciones autonómicas de Andalucía en las que la desesperación por la previsible derrota –que dejaría al PSOE fuera de todo gobierno autonómico, con la excepción precaria de Euskadi, donde depende del PP- y el intento de una nueva operación de marketing que invierta las previsiones electorales. Otro “efecto Rubalcaba” que pretenda un milagro de marketing sin cambiar ni personas ni contenidos. Una mayor dosis de más de lo mismo, como si los electores fueran tan tontos de observar tranquilos este nuevo intento de camuflar la realidad.
La tragedia que se precipita sobre el PSOE, empeñado en dejar el partido en esqueleto antes que sus santones pierdan el control del aparato, es, además, una gran tragedia de la democracia española que necesita un socialismo democrático fuerte para gestionar, aunque sea desde la oposición, esta crisis.
NO hay otras voces disonantes que tengan cierta relevancia que las de Tomás Gómez y Juan Carlos Rodríguez Ibarra, pero solo este último, en excedencia de cargos excepto en el Comité Federal.
No queda más remedio que colegir que el estado catatónico que ha introducido en la organización del PSOE José Luis Rodríguez Zapatero amenaza con tomar carta de naturaleza.
Pero la memoria es tozuda. Suresnes significó un repulsivo arriesgado, dialéctico, abierto y democrático al anquilosamiento de un PSOE histórico. La modernización de la organización tuvo su continuidad en el debate traumático sobre el abandono del marxismo. Y durante la mayor parte del mandato de Felipe González hubo un partido dinamizado por congresos que eran verdaderos esfuerzos dialécticos de encontrar síntesis programáticas y organizaciones sólidas.
Ahora, en esta democracia de corte feudal y orgánico en la que las taifas de cada barón son vectores de control de las bases, se produce la paradoja de que estos aristócratas del partido, llamados “barones” ni siquiera gobiernan en las comunidades desde las que quieren dominar, por cuotas, la organización.
A la vista de los resultados obtenidos en las elecciones municipales, la inmensa mayoría de ellos debieran estar cesantes, prestos a dimitir y a dar paso a sangre nueva. Pero a lo que parece el despacho, el conche del partido y el control sobre una militancia menguante es un objetivo en sí mismo, por encima de un proyecto que se diluye.
No es fácil que en el breve plazo disponible se articulen alternativas distintas de las que disponen de apoyo orgánico y estructuras engrasadas.
El equipo de campaña de Rubalcaba –que increíblemente funcionó al margen de la organización oficial del partido- no sólo no se ha disuelto sino que sigue a toda marcha funcionando para promover a el candidato estrellado para la secretaria del partido.
Una pregunta: Rubalcaba sigue teniendo a su disposición los funcionarios del partido que han trabajado en la campaña y las oficinas de la calle Ferraz. ¿Cómo se concilia esa utilización de medios de quien ya no es más que un simple miembro de la comisión ejecutiva para una campaña personal?
La ministra Chacón –como fue publicado en este Blog- no tendrá problemas en reconstruir su gabinete de campaña utilizado medios del Estado en su ministerio, hasta que lo abandone.
Y frente a este despropósito de utilización ilegítima de medios del partido o del estado, cualquier conjunto de militantes que pretendan organizar una alternativa a todo este despropósito tendrán que buscas una taberna para conspirar contra el partido, en el contrapunto del origen de Pablo Iglesias y los sindicalistas de artes gráficas.
Esta locura incrementará el nivel de la catástrofe en las elecciones andaluzas y se prolongará mientras no se produzca una revolución de las bases del partido, hartos de ser figurantes en una obra de teatro dramática en la que ni siquiera tienen asegurada entrada de platea. Si los barones quieren apurar el cáliz, no se vislumbra forma de pararles distinta del Apocalipsis.

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