Lagrimas italianas
La ministra italiana de trabajo. Elsa Fornero, no pudo contener sus lagrimas sinceras cuando daba cuenta de la que les espera a los italianos en cumplimiento de los mandatos de austeridad impuestos por la Unión Europea en nombre de los mercados. En España se prepara el clima psicológico para recortes muy duros que se conocerán en las próximas semanas. Tenemos que estar preparados para llorar porque no estamos preparados para protestar.
Las lagrimas de la ministra italiana de trabajo, Elsa Fornero, son una radiografía sincera de la tragedia europea. Esta profesora de economía, ajena al mundo de la política, no pudo contener el llanto al dar cuenta de los recortes que aplica el gobierno italiano en cumplimiento de los mandatos de la Unión Europea; es decir, de la señora Angela Merkel.
Son lagrimas que vaticinan las que derramaremos en unos días en España cuando se conozca el alcance de las reformas que aplicará Mariano Rajoy. Los voceros de la derecha están crecidos con los latigazos que aplican al imaginario colectivo de los trabajadores españoles. La moda de declararnos a nosotros mismos vagos de solemnidad –hemos vivido “por encima de nuestras posibilidades”, proclaman como un mantra de obligado cumplimiento- es la preparación del clímax en el que se anuncie lo “que nos merecemos” en concordancia con nuestros pecados. La obsesión católica con la culpa y la pena. Nos castigan porque creen que nos lo merecemos. ¡Demasidado¡
Los que han vivido por encima de nuestras posibilidades lo siguen haciendo. Se siguen publicando noticias sobre las indemnizaciones obscenas de empleados de lujo de las cajas de ahorro. Noticias sobre indulto a banqueros con sueldos obscenos.
Las lagrimas de la ministra italiana son la demostración de un enorme fracaso colectivo en el que la Unión Europea, o lo que queda de ella, se está liquidando pero al mismo tiempo acabando con la condiciones de dignidad en los países que se han declarado estigmatizados.
La ausencia de líderes para los reclamos de estos tiempos es evidente. Lagrimas de civiles ajenos a la política que no tienen todavía la perversión del poder. Lagrimas que no son de cocodrilo pero que podían evitarse sólo con que se racionalizara el orden que se impone en nuestras cuentas.
Lloramos pero todavía estamos vivos. Esa es nuestra esperanza: que estas lagrimas se conviertan en rebeldía.
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