Rosa Diez en la senda de Mayor Oreja
Superar las posiciones de Jaime Mayor Oreja en los temas relacionados con el terrorismo de ETA no es una encomienda fácil. Es cierto que el populismo no tiene límites precisos; siempre se puede dar un paso más hacia la exaltación de las bajas pasiones de la sociedad. Jugar con el dolor de las víctimas de ETA puede ser rentable electoralmente a corto plazo, toda vez que el presidente del Gobierno y el Partido Popular han aceptado que estamos en el tramo final de la desaparición de ETA. Quedarse sola en el Congreso de los Diputados, al lado de Amaiur por motivos contradictorios, significa una soledad muy mal acompañada.
Recuerdo bien a Rosa Diez consejera de un gobierno vasco de coalición con el Partido Nacionalista Vasco. Nada que ver con su deriva actual; nada que ver con aquellas posiciones de comprensión del nacionalismo.
Quiso ser secretaria general del PSOE y perdió dramáticamente en aquel envite. Nunca lo superó. Luego decidió formar un pequeño partido que vive en la indefinición ideológica y se alimenta del populismo.
Ayer, su pretensión de ser abanderada de la lucha contra el terrorismo desde parámetros que ya no existen, provocó que el tiro le saliera por la culata. Si su empeño es hacer filigranas para llamar la atención, estirando la cuerda del populismo, tiene que tener cuidado porque la etiqueta que se va a coser a su chaqueta política es casi de extraparlamentaria.
Ninguno de los firmantes del acuerdo del Congreso para la disolución de ETA está a favor de una negociación con la organización terrorista. Han buscado un acuerdo de mínimos para la liquidación del terrorismo vasco y también para la disolución de la organización que lo ha ejercido.
Jaime Mayor Oreja es un electrón perdido en el universo del PP. Sus apoyos son mediáticos, porque una parte de la prensa de este país está ubicada en una caverna ideológica. Ellos van a jalear la iniciativa de Rosa Diez porque, sometido y neutralizado Mayor Oreja por la disciplina de su partido, la política de UPyD es el último señuelo de ese radicalismo sin sentido.
En todo caso, me parece bien que Rosa Diez se retrate y deje de jugar a la ambigüedad con un partido creado a su imagen y semejanza. No le auguro mucho recorrido al margen de la derecha más extrema.

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