Depresión, indignación, resignación y coraje
La crisis es una caja de sorpresas sin fondo. España, un barco a la deriva. No hay nadie al mando que inspire confianza. La depresión colectiva, sustentada en el pesimismo: profundo desconcierto. La indignación, sujeta por la resignación y por una profunda ausencia de liderazgos. Perplejidad.
Bankia se quiere reinventar en falso. Ayudas públicas sin responsabilidades. Decretos leyes para tapar incompetencias manifiestas: políticas y empresariales. No tenemos crédito ni para auditar nuestras propias cuentas. Rodrigo Rato da una nueva espantada sin que nadie se pregunté por qué se le colocó en el puesto de mando. Su obra, el cuarto banco del país en situación de quiebra técnica. La política se ha convertido en el arte de justificar lo impresentable. El chantaje funciona: si se deja caer un gran banco, nos hundimos todos; Pero no se modifican los controles ni los límites de estos nuevos amos del universo: los ejecutivos bancarios tienen bula en nuestra democracia feudal. Los aristócratas del dinero se reparten el botín que no existe siquiera sobre el papel.
El espejo griego lanza avisos infructuosos del destino final de este camino. El 15-M se juega su credibilidad. El PSOE está perplejo en un “no pero si”. Estancando. Los intelectuales, que se han hecho orgánicos, abdican de su responsabilidad social. El abismo avanza hacia nosotros y la obra de cuarenta años se derrumba.
Hay soluciones, pero son radicales. La recuperación de la política frente a la economía. El humanismo como recambio de la cuenta de resultados. La ejemplaridad exigible para el ejercicio de toda forma de poder. El cambio en las reglas de juego de la economía. Cierre de paraísos fiscales, impuestos a las transacciones financieras, penalización fiscal de la economía especulativa. Una fiscalidad proporcional y justa.
Europa necesita una refundación sin haberse terminado de fundar. La homologación fiscal, social y económica desde parámetros de solidaridad para frenar el populismo y el fascismo que nos amenaza. No es un vademecum de tragedias, sino una simple llamada al reconocimiento de un fracaso sistémico y al coraje para reconducir el caos.
Artículo publicado en El Periódico de Cataluña.

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