Esperanza, la provocación como espantajo
Esperanza hunde Madrid y distrae con el partido del viernes. Se ha vuelto a reafirmar hace unas horas en sus palabras sobre la suspensión del partido aludiendo a su “libertad de expresión”. Sin duda la tiene, pero a ella está superpuesta su obligación de responsabilidad. La presidenta de Madrid está provocando los incidentes que dice querer prohibir. Una insensatez más en la larga trayectoria de esta política sin escrúpulos.
La memoria capaz de relacionar la acumulación de datos y anécdotas permite inscribir las conductas que se quieren retratar en el imaginario personal que también es muchas veces colectivo. Esperanza Aguirre, por su populismo, sus excentricidades y sus desvaríos es fuente recurrente de paradojas y similitudes. Recuerdo una canción de la fallecida e inolvidable Cecilia, que entre otras cosas decía:
“Puntual cumplidora
del tercer mandamiento,
algún desliz inconexo,
buena madre y esposa
de educación religiosa.
Y si no fuera por miedo
sería la novia en la boda,
el niño en el bautizo,
el muerto en el entierro,
con tal de dejar sello”
He recordado la letra esta mañana, mientras intervenía en el programa de radio, Cada Mañana Sale el Sol, cuando comentábamos el último acto de populismo irresponsable de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre.
Pedir que la Copa del Rey se juegue a puerta cerrada, si hay pitos y ofensas al Príncipe o a la bandera –Aguirre ha aclarado que se trata de delitos que hay que impedir- significaría desalojar a los asistentes al partido del Vicente Calderón, con los consiguientes e insoportables riesgos de seguridad y orden público. Tamaña estulticia requiere que quien la promueve sepa que es impracticable. Se han mostrado consternados por esta falsa iniciativa desde miembros de su Gobierno al conjunto de la oposición.
Una pregunta elemental es saber por qué hace estas cosas la presidenta de Madrid.
Naturalmente para llamar la atención, puesto que quiere ser “el niño en el bautizo, la novia en la boda y el muerto en el entierro”; pero no solo por eso.
Madrid se hunde. Sus ensoñaciones de ganar en todo a Cataluña, sus empeños en crear un imperio financiero alrededor de Caja Madrid y en ser la campeona del déficit y de la gestión, han sido sepultados por la tozudez de los hechos.
El hundimiento del experimento de BANKIA, dirigido personal y políticamente por Esperanza Aguirre, ha terminado por poner en grave riesgo al conjunto del sistema financiero español. Su imagen de excelente gestora se ha dilapidado con el conocimiento de que su déficit era el doble que el anunciado. Y su pretensión de ser una gobernante honesta, también ha desaparecido con las mentiras sobre el déficit de la comunidad.
La estupidez sobre la Copa del Rey no es mas que una forma de fuegos de artificio para desviar la atención sobre su penosa gestión cuyo cénit, hasta ahora, es el descubrimiento de las mentiras sobre el déficit de Madrid.
El Populismo de Esperanza Aguirre requeriría un ordenador de mucha memoria para recopilar sus excentricidades, que van desde su fuga precipitada de Bombay, en donde dejó a toda su comitiva y a los empresarios que le acompañaban para dejarse retratar en Barajas con unos grotescos calcetines caídos -¿no le dio tiempo a ponerse unas medias en el avión?-, hasta su hazaña de llamar “gamberros” a los representantes sindicales, que no es un asunto menor.
España es un país donde Jesús Gil hizo una gran carrera política desde Marbella, donde Mario Conde pudo haber llegado a ser presidente de Gobierno, y donde Esperanza Aguirre goza de mayoría absoluta holgada en la Comunidad de Madrid.
Está rodeado de genios de la comunicación que le pasan el disfraz para cada foto. Y muchas personas la adoran por su falsa cercanía, mitad arrabalera y mitad aristócrata. Habla sin dejar abierta la posibilidad de equivocarse; es faltona como un chulo de la capital, que los hay. Y, sobre todo, carece del mínimo pudor y vergüenza para decir los mayores disparates sin despeinarse.
Ahora se le ha visto el plumero: con el dinero de los madrileños no se juega. Yo creo que esto no se lo van a perdonar a la marquesa, por muchos cortesanos que tenga en los medios de comunicación madrileños.
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