Vivir sin Sigmund Freud
La palabra permite, como ninguna otra herramienta, circular las emociones. Es cierto que existe un lenguaje no verbal, gestual, que facilita la comunicación cuando no se comparten los idiomas; pero la palabra es el mejor utensilio para un viaje considerado como síntesis de una situación excepcional. La palabra permite traspasar los paisajes, entender las ciudades y conocer las culturas.
Café EL FEDERAL, Buenos Aires
Hay ciudades emblemáticas en las que la circulación de la expresión verbal define su alma profunda. Los vieneses inundan los cafés a cualquier hora; leen los diarios atravesados por soportes de madera para facilitar que no se descompongan en el uso de información compartida, donde el tiempo se detiene alrededor de una taza de café. A veces, el silencio también se escucha. En Nueva York, todo tipo de actos sociales reúnen a sus habitantes, que conversan por el placer de compartir experiencias, criterios y diatribas. Roma, más que conversar, gesticula, y en Estambul, el silencio de sus cafés, en las horas somnolientas del mediodía, sólo es comparable al de Alejandría.

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