El problema no son las manifestaciones
La delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, ha afirmado que “hay que modular” el derecho a manifestarse; es decir, quiere reducirlo.
Es cierto que proliferan las manifestaciones; son como las setas cuando el campo está húmedo. La causa de las manifestaciones son los recortes. Una vez más, en vez de atacar la raíz se quiere colapsar sus frutos.
Es un milagro que España no haya explotado. Y como no lo ha hecho, echan más pólvora al barril para ver cuanto hay que esperar para la detonación. Prohibir o limitar las manifestaciones es lo mismo que construir barricadas contra los tsunamis. La fuerza de la indignación no la pueden parar los brutales antidisturbios. Madrid vivió un 2 de Mayo contra la caballería de Napoleón, que tampoco quería manifestaciones en las calles. Como es sabido, después de mucha sangre, los franceses tuvieron que marcharse y los ciudadanos recuperaron las calles.
Estamos ante un problema democrático contaminado por una interpretación brutal de la crisis. Se aplican políticas que no están legitimadas en unas urnas que recibieron otro mandato electoral. Si el poder se disocia de las promesas a los ciudadanos, ¿qué otra opción de dignidad democrática queda que protestar?
Los infiltrados, sean quienes sean, son útiles para pretender la legitimación de la represión. Los manifestantes debieran entregar a la policía a los provocadores, aún corriendo el riesgo de que reúnan a los agentes camuflados con los uniformados.
Se nos avecina una progresión en la criminalización de las protestas democráticas y la delegada del Gobierno en Madrid ha dado la señal de salida.
Analicemos los presupuestos para saber el brutal recorte añadido que se avecina. Esperemos a que se recuentes los votos, sobre todo en Galicia, para que Rajoy saque la guadaña añadida de la Ley de Acompañamiento de los Presupuestos Generales del Estado.
Observemos con el PSOE se sigue disolviendo en la experiencia catalana que puede arrastrarle al abismo. Esperemos que los sindicatos entiendan la necesidad de su catarsis y reconversión: son imprescindibles, pero purificados.
Estemos atentos a la eventualidad de que la policía decida no machacar al pueblo.
Y, mientras tanto, no podemos darnos el lujo de dejar de protestar porque es la única esperanza de recuperar la democracia.

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