Carlos Carnicero

Europa ante el abismo, del Yihadismo a la crisis griega

En las últimas horas, los atentados yihadistas sincronizados en Francia, Túnez y Kuwait y las noticias de la ruptura de las negociaciones del Eurogrupo con Grecia, que coloca a este país en las puertas de la bancarrota y de la salida del Euro, han hecho saltar las alarmas de las redacciones informativas. Un final de semana apasionante en donde las dos noticas pugnaban por ocupar las primeras páginas de los diarios de todo el mundo.

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                                                                                                                               Yanis Varufakis, ministro de Economía de Grecia,

La historia está llena de ejemplos en donde graves acontecimientos sin aparente conexión se han sincronizado para producir resultados devastadores. Y, en casi todos los casos, la falta de respuestas inteligentes y decididas han motivado escaladas imparables.

El yihadismo es una amenaza de primer nivel. Por primera vez es algo más que ataques terroristas para echar pulsos a los “países infieles” y a las potencias occidentales. Disponen de al menos dos estados con organización propia, recursos, bases de entrenamiento y lugares de concentración a donde acuden voluntarios de muchos países, entre ellos europeos. Disponen de financiación y controlan recursos naturales.

Libia se ha convertido de facto en una filial del Estado Islámico. Con ingentes recursos financieros, lo que era un estado fallido se ha convertido en una base de reclutamiento y entrenamiento del Estado Islámico. Libia tiene fronteras con Túnez, Argelia, Níger, Chad, Egipto y Sudán. No es difícil comprobar que todos esos países tienen en común el establecimiento de terrorismo yihadista. Más abajo está Mali, y muchos de estos países forman parte de lo que geográficamente se llama El Sahel, un basto territorio que separa el desierto del Sahara del África subsahariana. Estos inhóspitos territorios están controlados por bandas yihadistas que colaboran con Al Qaeda y probablemente, ahora con el Estado Islámico. En los últimos años, decenas de occidentales que se han aventurado en estos territorios han sido secuestrados y se han pagado jugosos rescates por su libertad lo que constituye un renglón fundamental de la financiación de estos grupos terroristas.

Puede parecer recurrente hacer inventario de los errores cometidos por Estados Unidos y sus aliados europeos. Desde la invasión de Irak que sirvió exclusivamente para derrocar a un dictador sin conexiones con el yihadismo, sino todo lo contrario, y para establecer el caos en un punto crucial de las relaciones en esa zona del mundo. La apuesta inicial por el derrocamiento del dictador Bashar Hafez al-Assad ha derivado en la potenciación de un ejercito yihadista. Quizá el caso de mayor estupidez no confesada sea el de Libia. De repente, Muammar El Gaddafi, el amigo generoso de muchos mandatarios europeos, se constituyó en problema prioritario. Las implicaciones investigadas sobre las donaciones clandestinas de Gaddafi a Sarkozy fueron uno de los detonantes de las operaciones militares para derrocar a Gaddafi. Su linchamiento no impedido por nadie silenció para siempre los secretos del dictador libio con sus amigos de Occidente.

Ahora Libia es un estado fallido pero manejado en gran parte de su rico territorio por El Califato. Hace tiempo que los servicios de inteligencia españoles manejan información sobre Libia como paraíso de reclutamiento y entrenamiento de yihadistas que parten a las zonas de guerra entre Irak, Siria y Turquía. No hay autocrítica, pero si inacción, con la excepción de ataque selectivos de Estados Unidos para abatir a dirigentes islamistas.

Ni Estados Unidos ni sus aliados árabes y europeos han demostrado tener un plan eficaz para hacer frente a estas amenazas. La coalición internacional que bombardea las posiciones del Califato ha demostrado su división y su ineficacia. Y de Libia apenas se habla. Tal vez porque ponerla en primer plano sería dar actualidad a la increíble torpeza europea y norteamericana en este país.

Solo ha habido una resultante positiva de tantos errores cometidos. El deshielo entre Estados Unidos e Irán ante la constancia de que no se podía tener tantos enemigos y había que entenderse, una vez más, con los enemigos de sus enemigos.

Mientras tanto, la Unión Europea se enfrenta a la mayor crisis desde su fundación. La ruptura de las negociaciones con Grecia y el peligro inminente de la quiebra de este país y su salida del Euro, hace inevitable una pregunta inquietante. ¿Cómo es posible que un pequeño país que solo tiene once millones de habitantes y su economía poco más del 2% del PIB de la Eurozona se haya convertido en una amenaza para la supervivencia del propio proyecto europeo?

El directorio que gobierna la Unión Europea estableció que no se admitían precedentes que dejaran sin castigo a los insumisos financieros. También se estableció que los griegos respondieran de los graves errores de sus anteriores gobernantes. Incluso desde Grecia se recordó que las deudas alemanas derivadas de la II Guerra Mundial no se podían cargar sobre los alemanes que sobrevivieron al III Reich.

Los líderes europeos, acompañados por el FMI, no han disimulado su prepotencia para establecer la prioridad de los principios de corresponsabilidad financiera con la dramática situación de Grecia. Un problema que era puramente financiero y contable se ha convertido en una amenaza para la Unión Europea en su conjunto. No preocupa tanto el establecimiento de un precedente que rompa el mantra de que al Euro se accede pero no se sale. La deriva de una gravísima crisis social en Grecia, en donde el populismo fascista en una amenaza parlamentaria real, no ha importado tanto como el mantenimiento del dogma del cumplimiento de los acuerdos.

Nos piden que nos fiemos de los mecanismos de control financieros para evitar el contagio del derrumbe griego. ¿Quienes controlan la economía mundial, por fin han aprendido de los errores y de la falta de control sobre el sistema financiero de las anteriores crisis? ¿Estamos seguros de que los cortafuegos funcionarán en esta ocasión?

Si lo que preocupa es la imagen de debilidad ante la insumisión griega, no deberían medir su importancia frente a una crisis para los países periféricos que puede desencadenar un efecto dominó y, sobre todo, la ruptura de la confianza sobre la Unión Europea misma.

Europa tiene además otros frentes abiertos. La montaña creciente de la inmigración descontrolada y sus derivadas crisis humanitarias. Y, claro, las tensiones crecientes con Rusia en un mundo multipolar en el que ya no hay poderes hegemónicos y en donde la política exterior de la Unión Europea carece de unidad y eficacia.

Podrá pensarse al leer este artículo que se han metido en un mismo cesto peras y manzanas. Así es, pero en el contagio por corrupción las especies frutales no entienden de diferencias.

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El PP estrena chapa y pintura

Al comprar un coche usado no hay que dejarse engañar por la chapa y la pintura; tampoco por el pulido de las llantas o los neumáticos brillantes de cera. Lo importante no se percibe a simple vista. El motor, los frenos, la suspensión y la caja de cambios requieren rodaje para demostrar su idoneidad.

Mariano Rajoy no es capaz de cambiar el motor del PP porque su estado natural es la indolencia del estatismo. Se fía de lo que es y de lo que tiene, independientemente de que se enciendan los testigos de los mecanismos vitales de la maquinaria del partido y del gobierno. Se limita a mandar el partido al chapista, para que le pase la mano y pueda vender mejor una mercancía inalterable. No hay reformas sino remedos.

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Las dos estrellas del cambio estético del PP son Jorge Moragas y Pablo Casado. El jefe del gabinete personal del presidente es un hombre en la sombra, discreto, diplomático en excedencia, moderno –mochila, casco y scooter urbano- y leal a los secretos que le confieren su cargo.

Pablo Casado es típico producto de Nuevas Generaciones. Excelente curriculum académico y ninguna experiencia profesional. Nació en la política y a ella se debe. Creció a la derecha de José María Aznar, a quien idolatra. Facilidad de palabra que le convierte en un vendedor ambulante de mensajes aprendidos. Intelectual del eslogan y la frase hecha. Un clon de Esperanza Aguirre de quién aprendió la suficiencia de quien no puede admitir ni entender que alguien discuta su razón o cuestione su discurso. Tiene la verdad revelada.

Claramente de derechas, con un discurso clásico anticomunista, con ese desparpajo para meter en un saco a la “izquierda radical”. Si por él fuera, la izquierda no existiría porque la considera perniciosa e innecesaria.

A Jorge Moragas, Mariano Rajoy le ha dado las llaves del laboratorio para que muña la receta de la remontada electoral en el universo de pesimismo que envuelve al PP después de las elecciones municipales.

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De la contrarrevolución conservadora al cambio municipal

En el universo de Esperanza Aguirre y de Rita Barberá se había establecido el paradigma de que a los poderosos había que allanarles el camino porque su riqueza soltaba migajas que salpicaban a todos. El asentamiento de la corrupción favoreció la riqueza instantánea. Y con ella, salarios, aunque magros y temporales. Los recortes han sido tan insoportables, adobados de corrupción, que han desalojado a la derecha de los grandes ayuntamientos. Han perdido Madrid, Barcelona, Sevilla, Valencia y Zaragoza. ¡Casi nada!

Ya no se recuerda la ensoñación de la ciudad del juego que iba a desarrollar la baronesa complaciendo al magnate Adelson, incluso levantando la prohibición del tabaco en sus tugurios de lujo. Si se van a crear puestos de trabajo, que importan las mafias del juego. Ecuaciones meramente utilitaristas. Católicos, excepto de la cintura para abajo y de la ruleta de la suerte.

Aquello no salió bien solo porque las autoridades madrileñas no se bajaron suficientemente los pantalones. A Adelson se lo ponían más fácil en Macao. Deslocalización del vicio. La nueva era del ladrillo fácil se ha retrasado un poco. Ahora, con los nuevos ayuntamientos y comunidades, se aplazará indefinidamente. Espero. Ahora deben revisar la privatización de servicios mediante contratas. Espero que Carmena revoque la que gestiona los parquímetros de Madrid, en donde hace casi hace falta ser titulado para introducir los datos. Si te equivocas en algo, pagas multa como si no hubieras sacado el papelito. Se urbanizará algo más que las millas de oro de las ciudades y los marginados volverán a ser ciudadanos.

Captura de pantalla 2015-06-14 a las 13.46.53Imagínense, pongo por caso, que la despedida de Rita Barberá Y Esperanza Aguirre, arquetipos de la era municipal que se ha acabado, fuera una mesa de camilla. Junto a Manuela Carmena y Ada Colau. Té con pastas para las primeras y café con leche para las segundas. Y de fondo, un nuevo tamayazo que no ha sido posible porque hubiera sido insoportable. Candidatos, tentados, los ha habido seguro. No se han atrevido.

El lobo, del que tanto han avisado los pastores de esta sociedad financiera, ha llegado por fin. Y no se han comido ningún cordero. Los lobos tienen que demostrar que saben gobernar para quienes no han tenido nunca padrino.

Se abre un tiempo de incertidumbre hasta las elecciones generales. Desde el 14 de abril de 1931, En España los cambios siempre han empezado en unas elecciones municipales. En 1979, los pactos entre el PSOE y el Partido Comunista en los ayuntamientos potenciaron el gran cambio político en las elecciones generales de 1982. Luego, 13 años de gobierno socialista, hasta que los episodios de corrupción que emergieron en el último tramo de los gobiernos de Felipe González, propiciaron la eclosión del aznarismo. Hizo falta que Baltasar Garzón, Pedro J. Ramírez y José María Aznar sincronizaran su ofensiva para tomar La Moncloa. Se utilizaron los muertos del Gal para escalar el castillo. Daba igual. “¡Váyase señor González!”

En parte hemos vuelto a la casilla de salida. La corrupción destapada en los últimos años ha puesto al PP contra las cuerdas. La diferencia es que ahora el PSOE no es fuerza hegemónica, aunque objetivamente, con menos votos tiene mucho más poder municipal que antes del 24 de mayo.

Si los nuevos ayuntamientos consiguen en menos de seis meses demostrar que son eficaces y gobiernan para la mayoría, en las generales se puede consumar un cambio político difícil de gestionar por la fragmentación de la izquierda y las incógnitas que todavía penden sobre el partido o movimiento en torno a Pablo Iglesias.

Es esta un película de riguroso estreno. Madrid, gobernada por una mujer que siempre ha sido de izquierdas, con más de setenta años y que ha generado una suma de votos procedente de distintos sitios. Conozco a mucha gente que ha votado a Carmena para el ayuntamiento y a Gabilondo para la Comunidad Autónoma. No es solo una revolución de jóvenes intrépidos sin complejos. Esto tiene calado intergeneracional.

Y en Barcelona, la luchadora contra los desahucios, Ada Colau, ha introducido su camiseta en la Plaza de Sant Jaume.

Resulta que ahora si hay dinero para becas escolares. Que se pueden hacer gestiones rápidas con la Banca para parar los desahucios. Que los comedores escolares para niños sin recursos se pueden abrir en verano. Que alguien está dispuesto a hacer algo frente a las estadísticas de desnutrición infantil en el país de la abundancia.

Ha cundido la alarma en el universo de los biempensantes. Rita Barberá y Esperanza Aguirre ya no están en la pomada, aunque seguirán enredando en la medida que puedan. Los cambios siempre son así. Producen adhesiones y pánico. Y en esa dialéctica ha discurrido la historia. Me he pedido un asiento en primera fila para no perderme detalle.

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Apuntes a vuelapluma

Pedro Sánchez se consagra como líder del PSOE

El debate del estado de la nación, por su naturaleza y su formato, favorece al presidente de Gobierno. Lleva la iniciativa, no tiene límites de tiempo y se puede dar el gusto de contestar en cualquier momento. Hasta ahora, no había solo líder de la oposición que hubiera salido airoso de su primer encuentro con un presidente en el debate del estado de la nación. Josep Borrell, un político preparado y dialéctico, perdió claramente su encuentro con José María Aznar.

Para el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, el debate era una oportunidad pero también un riesgo que podía haberlo liquidado antes de consagrarse en su propio partido. Ha salido airoso e, incluso, las encuestas le han dado ganador sobre el presidente Rajoy.

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Mariano Rajoy carece de inteligencia emocional. Sigue los dictados estrictos de su asesor Pedro Arriola. Y lo que le había encomendado el gurú del Partido Popular fue el triunfalismo. Un solo mensaje: “la crisis ya ha pasado y estamos en la senda del crecimiento gracias a las políticas de este Gobierno”. “Nuestra mayor victoria en política social ha sido evitar el rescate”.

El presidente no se salió del guión. Podría haber hecho ese discurso, adobándolo de una mención explicita a los sacrificios que ha realizado la mayor parte de la población. Podía haber pedido un acto de confianza a los millones de españoles que no ven ni han sentido esa salida de la crisis. Se podía haber acordado de los desahuciados, de los que han quedado en la cuneta, de los que no tienen esperanza. Pero Mariano Rajoy es incapaz de ese guiño a los perdedores porque quizá no tiene una percepción de la situación de tantos ciudadanos. Dio la impresión de que vive en una capsula de cristal y de estar solo con triunfadores.

Puestas así las cosas, en un discurso inicial que parecía el de un consejero delegado de una compañía llamada España, el presidente se regocijó en estadísticas que le dan la razón en la macro economía. Y ahí se plantó, con unos anuncios pre electorales que ya habían sido anunciados en otras ocasiones. Ocultó lo que no le interesaba y cedió el turno al líder de la oposición.

Pedro Sánchez estuvo demoledor y brillante. Su objetivo claro era convencer a los suyos de su capacidad de liderazgo. Y demostrar que como nuevo líder del PSOE se podía ganar el derecho a ser escuchado por sus posibles electores. Romper la demoledora inercia de que este partido centenario habría llegado a su decadencia. A partir de ahora, Pedro Sánchez puede crecer como alternativa al gobierno de Rajoy.

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Tomás Gómez, sobre todo un síntoma

Los partidos tradicionales están sumidos en una profunda crisis que es existencial. Si no rectifican, seguirán una pendiente peligrosa hacia su desaparición o serán sustituidos por quienes se atrevan a modificar unos comportamientos y unos intereses que son, sobre todo, particulares, de élites y oligarquías con compromisos con poderosos sectores económicos de las que quieren extraer rentas y beneficios. César Molinas ha publicado un excelente libro, “qué hacer con España”, editorial Destino, en el que analiza el proceso de creación de los partidos políticos a partir de la transición y su transformación hasta llegar a la crisis actual.

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Lo sucedido en Madrid con la destitución manu militari de Tomás Gómez es paradigmático del proceso endogámico de los partidos y de la primacía de los intereses particulares y de las elites. El ya ex secretario general del PSM llegó a liderar su partido en un acto personal de designación de José Luis Rodríguez Zapatero que se saltó todos los procedimientos en ese acto. Luego vino una formalización ritual de una decisión personal. Podría decirse a Tomás Gómez, como en la Biblia, “el señor me lo dio, el señor me lo quitó; bendito sea su santo nombre”. Un secretario le regaló el cargo y otro le quitó el juguete. En medio, una historia típica del sistema de partidos que tenemos y de la organización de castas y oligarquías alrededor de las autonomías.

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La encrucijada de Merkel y Tsipras.

El caldo de cultivo de Syriza ha sido la política de austeridad impuesta por el directorio alemán de Angela Merkel. Con efectos catastróficos en Grecia, las recetas impuestas por la Troika han agravado el problema en vez de solucionarlo.Captura de pantalla 2015-02-01 a las 14.17.28

Barack Obama ha dejado en evidencia la política de austeridad europea. Estados Unidos entra en una nueva dimensión, con el dólar por las nubes, gracias a las inyecciones de dinero público para relanzar la economía. Justo la antítesis de las recetas que Mérkel se ha empeñado en imponer en este viejo continente.

Europa es cada vez más irrelevante en la política mundial. Recoge los frutos del nuevo nacionalismo alemán. Los intereses de Alemania, su hegemonía ejercida sin disimulos, ha sido la prioridad de la canciller. Francia, que podía haber sido el contrapeso del poder de Mérkel no lo ha podido ejercer, sumida en una crisis que no es solo económica, y con François Hollande, que ha pasado a ser la esperanza de la socialdemocracia europea a la imagen convexa de un espejo en el que nadie se quiere ver reflejado.

Europa ha entrado en crisis de identidad. La Unión Europea es la unión de los mercados y cada vez se distancia más de la unión de los ciudadanos. El euro escepticismo se ha transformado rápidamente en una eurofobia que reivindica las bondades del Estado nación como oposición la UE, causante, según esta narrativa, de todo nuestros problemas. Conocemos bien en este continente los peligros de los nacionalismos y las crisis.

La amenaza tiene forma de pinza. O de sándwich. Por un lado, crece la xenofobia azuzada por las desigualdades que generan el recelo hacia el extraño por quitar puestos de trabajo y ocupar parcelas de la sociedad con una identidad contrapuesta a la de los autóctonos de cada nación. De otro lado, la desafección por la democracia tal y como funciona en Europa y la pérdida de soberanía trasladada a una Unión Europea que no responde directamente a un parlamento elegido por todos los europeos. Los mecanismos, en parte pervertidos por las cuotas de poder de los partidos miembros, hacen sentir que los europeos obedecen consignas y normas dictadas por tecnócratas. La puesta en marcha de gobiernos de esta naturaleza en Italia y Grecia acrecentaron la sensación de secuestro de la democracia.

A toda prisa, el Banco Central Europeo ha decidido, por fin, inyectar dinero público a través de compra de deuda por los bancos centrales. Dinero para apagar el descontento. Pero, ¿demasiado tarde?

El reto de la Unión Europea, el reto de Angela Merkel, sería relanzar la Europa de los ciudadanos, la de la representación, la del debate político superpuesto al permanente debate económico.

Volver a subrayar todo lo que nos une y ser capaces de mirar al futuro unidos.

En esta Europa en crisis profunda, amenazada además por los efectos colaterales del yihadismo que amenaza la restricción de libertades conquistadas y con una Rusia cada vez más enérgica en su pretensión de ejercer la fuerza en nuestro vecindario, ha emergedlo una respuesta irreverente, audaz y desesperada. Cuando los griegos han sentido que ya no tienen más que perder, han dado un portazo a la Europa de Merkel, que es la única que se divisa hoy en día.

El desprecio de Merkel como síntesis del pensamiento impuesto, no ha guardado mucho las formas. En el primer rescate griego, Alemania aplazó sus decisiones porque dio prioridad a las elecciones en Renania del Norte-Westfalia. Que esperen los griegos a que voten los renanos.

Ahora, durante el proceso de las últimas elecciones griegas, las amenazas sobre los electores tampoco han ofertado disimulos. El mensaje era claro. Vuestra soberanía no os permite elegir lo que no os conviene. Y los griegos le han dado un corte de mangas a tantas imposiciones. La dignidad ha ganado la batalla a los mercados.

Grecia se juega su futuro en las negociaciones con la UE. Pero Europa también se juega su naturaleza en esa partida. Ninguno se puede dar el lujo de perder y tendrán que buscar disimulos para aparentar que los dos han perdido o los dos han ganado.

Si Alemania cede de forma visible, el antecedente amenaza con ser contagioso. Si la falta de acuerdo empuja a Grecia a la desesperación, muchos europeos no le perdonaran a la unión haber sido incapaz de solucionar un problema que solo afecta a poco más del dos por ciento del producto interior bruto de la UE.

Los ingenieros contables y financieros han desarrollado la tecnología más sofisticada para que una contabilidad pueda parecer una cosa y la contraria. Y no habría problemas para un diseño que le permita a Grecia dinero para crecer, para desarrollar infraestructuras y modernizar su economía y pagar la deuda de forma razonable, tan razonable como exija que el país no se hunda.

Será una negociación larga, complicada y difícil. De entrada, dos gestos audaces griegos: amagar con un acercamiento a Rusia en época de crisis profunda de las relaciones con la Unión Europea. Y la negación de legitimidad a la Troika para llegar vestida de negro a dar órdenes.

Merkel no se ha hecho esperar con rotundas declaraciones sobre las obligaciones irrenunciables de Grecia. Gestos para sus respectivas galerías.

Ahora, con discreción, debe empezar la verdadera negociación en la que todos los europeos nos jugamos mucho. Para empezar, nos jugamos la viabilidad de nuestros sueños.