Carlos Carnicero

Carta abierta a Pedro Sánchez, un líder socialista acobardado.

Tengo una anécdota de juventud que me ha marcado toda la vida. Al salir de una fiesta de una conocida marca de papeles pintados, y en estado de alegría alcohólica, terminé con unos amigos en un bar, en una época que no se salía tanto como ahora. El asunto derivó de tal manera que acabaron dándonos una paliza un grupo de matones. Y al final, en la calle, sangrando, desde el sereno, aquellos que llevaban un palo y un manojo de llaves, con su chuzo, y todo el que pasaba, nos remataba un golpe.

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Digo todo esto a propósito de lo que en Cuba se conoce como “apendejado” o también “aguantón”, y se refiere a las personas que consienten ser maltratadas y no se atreven a responder a los agravios. No se plantan, no trazan una línea roja y se muestran dispuestos a actuar si alguien la traspasa.

Lo último amable que le ha dicho Pablo Iglesias al secretario general del PSOE ha sido que “cuando gane las elecciones le ofrecerá la mano a la vieja socialdemocracia”. El mismo día, Sánchez y Hernando insistían en dejar las puertas abiertas a un pacto con Podemos. Poner la otra mejilla se ha convertido en un tic incontrolable para el líder de los socialistas.

Tengo que hacer una confesión: estoy horrorizado con la expectativa de un descalabro socialista el próximo 26J. Los votantes hay que ganarlos. Y muchos de quienes podrían votar al PSOE están avergonzados de un partido al que han votado en el pasado. Observan la falta de coraje de decir en voz alta lo que muchos piensan. Que con Podemos y con Pablo Iglesias no se puede llegar a ningún acuerdo porque no les preocupa más que la destrucción y humillación del PSOE como vía necesaria para llegar al Poder. El poder, por el poder, por eso Pablo Iglesias, sin pensarlo dos veces, se pidió las carteras de gobierno que mejor lo representan: los servicios secretos y la política de comunicación.

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El PP, podemos y el huevo de la serpiente

No tengo duda de que Podemos es una criatura de laboratorio que ha crecido a caballo del descontento y la crisis, alimentado en los platos de televisión. Sus padrinos han sido el Partido Popular, que ahora reafirma su entusiasmo con la posibilidad del sorpasso practicando el complicado deporte de la polarización. También la guardia pretoriana mediática de José Luis Rodríguez Zapatero, que sigue siendo un conspirador en la sombra, con excelentes relaciones con el régimen de Maduro, como se está comprobando estos días.

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Ahora las encuestas demuestran que el sorpasso es tan cierto que puede llegar a ser doble. Según el estudio publicado hoy por el diario El País, la intención de voto de Podemos alcanza el 25,6 por ciento. El PP se sitúa en 28,5 y el PSOE se queda en 20,2. Pero todo el mundo se fija en los casi cinco puntos que separan al partido socialista de Podemos y no se dan cuenta de los escasos 2,9 puntos que le quedan para ser la primera fuerza por encima del PP.

Nada extraordinario en que Podemos quiera ganar. Faltaría más. Quién prefiera esta opción tiene todo el derecho de votar por ella. Lo que no es inconveniente para que se puedan cuestionar sus orígenes, sus apoyos y su eclecticismo programático e ideológico.

Una democracia decide lo que eligen sus ciudadanos, independientemente de las consecuencias. La historia está llena de decisiones electorales que fueron traumáticas.

Pero quien engorda el huevo de la serpiente por mero interés electoral propio es también responsable de las consecuencias del apoyo ofrecido para que una fuerza antagónica perjudique a quien es su adversario.

Faltan pocos días. La responsabilidad del resultado del día 23 corresponde a los partidos para buscar el apoyo de los electores y a estos para decidir a quien se lo dan.

Los juegos de laboratorio electoral pueden tener consecuencias tóxicas y pronto se pondrá en evidencia las causas por las que por primera vez en democracia, el presidente en funciones prefiere un debate entre todos los candidatos que también uno con el líder de la oposición. Mariano Rajoy prefiere a Iglesias que a Sánchez para ocupar el sitio de honor de la oposición en el parlamento. También tendrá que explicar por qué.

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Podemos e IU se apuntan a la obsesión de ganar

Ya no se habla apenas de proyectos políticos. Se han acuñado frases como “caballo ganador” al referirse al alquiler de un candidato, ajeno al partido, que pueda dar más votos. En época de Zapatero se utilizaron muchos “caballos ganadores”. Algunos resultaron un fiasco: Miguel Sebastián ni siquiera recogió el acta de concejal. Felipe González contrató al juez Garzón y luego estuvo a punto de meter en la cárcel al presidente de gobierno.

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Los independientes paracaidistas en circunscripciones con las que no tenían nada que ver abundaron. Incluso fueron ministros y todos abandonaron el escaño cuando dejaron de serlo.

Hubo un tiempo que los partidos tenían señas de identidad, proyectos y sueños. Los militantes no tenían tantos intereses personales como deseo de apoyar un partido para cambiar o gestionar la sociedad. Eso ya es historia. Y la historia del partido, su ideología y su programa eran lo más importantes. No se quería ganar a cualquier precio.

Pero no se trata de un vicio de los “viejos partidos”. Los nuevos no han tardado en aprender estas triquiñuelas.

Podemos ha hecho cuenta de los votos que perderá en las próximas elecciones y ha hecho una OPA sobre Izquierda Unida.

Hay algunas joyas de lo que pensaba Pablo Iglesias, hace solo unos meses, del partido que lidera Alberto Garzón. Decía el líder de Podemos: Sois unos cenizos. No quiero que cenizos políticos, que en 25 años han sido incapaces de hacer nada, no quiero que dirigentes políticos de Izquierda Unida, y yo trabajé para ellos, que son incapaces de leer la situación política del país, se acerquen a nosotros”.

Ahora eso ya es historia. Quizá el más honesto ha sido Iñigo Errejón al hablar del pacto con Izquierda Unida. Ha dicho claramente que se trata de echar una mano para sacar más votos.

Creo que en todo caso se desprecia la capacidad del elector de ser dueño de su voto. Se supone que quien votó a Izquierda Unida apoyará el acuerdo en el que se funde con Podemos. Pero quien pudo apuntarse a caballo ganador en diciembre y se quedó en Izquierda Unida, ¿por qué iba a cambiar su voto ahora?

Está por ver si esa alianza funciona. Si suma más que resta. Pero en todo caso, es un punto de inflexión, probablemente sin retorno, para Izquierda Unida que ha decido unir su destino a quien tanto le despreciaba por un puñado de escaños.

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Apuntes a vuelapluma

Encuestas, confusión y falta de entusiasmo

No tenemos costumbre de un proceso de negociación de cuatro meses para formar gobierno, encima sin resultados. Vuelta a empezar. Primera discusión bizantina: ¿es una segunda vuelta? Imposible: en las segundas vueltas, en los países que hay este sistema electoral, solo pasan los dos primeros partidos. En España, si nos encontráramos ante una segunda vuelta, solo participarían el PP y el PSOE.

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La noche del 26 de Junio sabremos a quienes les toca intentar formar gobierno. Las encuestas que se publican son confusas. Se establecen dos postulados: habrá menor participación, lo que favorecería al PP, y se adjudica a este partido una victoria más holgada que el 20 de diciembre.

También hay expectación por la fusión o alianza de Podemos e Izquierda Unida. Si se produce esta coalición, la lucha por la hegemonía de la izquierda será sangrienta. Los estudios demoscópicos establecen una solución matemática para los votos que sumaron estos dos partidos en las elecciones de diciembre. Tengo mis dudas de que todos los votantes de Izquierda Unida aplaudan con sus votos la fusión con Podemos y viceversa. Electoralmente no funcionan obligatoriamente las sumas matemáticas. Es posible que a muchos votantes de Izquierda Unida no les entusiasme aupar el populismo autoritario de Podemos. Y a lo mejor, a votantes de Podemos no les guste la identificación con una izquierda comunista.

El PSOE es el que peor parado sale en los pronósticos. Creo que hay un voto vergonzante o resignado en el PSOE que esconderían los consultados en las encuestas. Hay quien piensa que eliminar a Izquierda Unida con la fusión con Podemos, facilita esclarecer el panorama en la izquierda electoral. Si fuera así, el PSOE podría aglutinar al electorado de izquierda tradicional.

Si gana Rajoy se establecerá la paradoja de que para ganar basta con no hacer nada y que estar envuelto en la corrupción no perjudica electoralmente.

Creo que el escenario es distinto del 20-D y no se repetirán los resultados y habrá muchos matices. Entre otros la capacidad de Ciudadanos de succionar votos del PP.

Solo nos queda esperar para comprobar el estado de ánimo de los electores.

Una eternidad hasta el 20 de diciembre

Dos meses es mucho tiempo en un país paralizado por la cita electoral. El Gobierno inaugura; Rajoy hace paellas en el feudo valenciano que está en peligro. Pedro Sánchez busca en el fondo de la chistera para redondear un programa electoral que rasque el voto perdido. Albert Rivera es prudente para no actuar sobre las expectativas que pueden ser un boomerang. Y Podemos, ahora en baja, trata de equilibrar sus defectos, sus aristas, para recuperar la ilusión perdida.

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Y, mientras tanto, la gestión de los asuntos públicos está paralizada en Cataluña. El lodo de la corrupción sigue subiendo de nivel desde las sentinas de Convergencia Democrática de Cataluña. El secesionismo está herido por el hedor insoportable de las tramas de corrupción que salpican a los dos presidentes nacionalistas que ha tenido Cataluña en democracia.

Con los documentos incautados en las últimas redadas a empresarios y funcionarios públicos de la Generalitat podremos conocer en las próximas semanas detalles que terminarán con la carrera política de Artur Mas. Es casi metafísicamente imposible que la CUP, anticapitalista y antisistema que ha tenido la bandera de lucha contra la corrupción como eje de sus resultados electorales, conceda la investidura a Artur Mas. Y no creo que sea posible una candidatura independentista unitaria el 20-D porque la contaminación de la corrupción de Convergencia no puede obviarse ni con la bandera del patriotismo de billetera.

España está paralizada por demasiadas incertidumbres. El 20-D cambiará el modelo político español donde se acaba el bipartidismo y será complicado construir mayorías de gobierno.

En política, demasiado tiempo es peor que tiempo escaso. Porque las cartas ya están echadas y se pueden recalentar en esta espera de dos meses.

Nadie se atreve a hacer un vaticinio pero hay algunas evidencias. Mariano Rajoy, sin carisma, con el partido deprimido y sin tiempos para cambios, tiene muy complicada la recuperación de votos que le permita un resultado aceptable. El fantasma del desastre le sigue de cerca.

Las apuestas más interesantes circulan alrededor del tirón final de Albert Rivera y si es capaz del sorpasso que le permita la hegemonía del centro político.

Pedro Sánchez sigue en liderazgo vigilado. Si no puede formar gobierno, será el secretario general que menos tiempo ha ocupado su cargo.

En cuanto a Podemos, tiene el estigma de estar pasado de moda. Ya no vende la coleta y la camisa de cuadros. Y el personaje irrita cuando aparece en la televisión que le dio la vida.

Tenemos que tener paciencia. Dos meses son largos, pero no nos queda otra que esperar.

Irene Lozano y el suave aroma de los paracaidistas independientes.

El PSOE ya ha experimentado la tentación de los independientes, o “caballos blancos”, como se llamaron en la época de Zapatero. Hubo un tiempo en que era casi más fácil ser candidato si se era independiente que si se era sacrificado militante del partido. Quién no se acuerda de la operación de regeneración del partido que hicieron Felipe González y José Bono con el juez Baltasar Garzón. Nada menos que número dos de la lista electoral del PSOE por Madrid. Justo después del mismísimo Felipe González.

Creo que no hace falta como salio la entrada y salida de Garzón por la puerta giratoria del partido a la judicatura. Volvió, sacó los papeles a punto de prescribir de su despacho de la Audiencia Nacional, y estuvo a punto de meter en la cárcel al mismísimo presidente. Lo consiguió con Barrionuevo y Vera. Y a muchos no les pareció aquello una venganza o una revancha. Vivir para ver.

Irene Lozano ha conseguido en la lotería electoral del PSOE el número cuatro de Madrid. Y ha sido modesta en la explicación de su travestismo político: “Mi llegada demuestra el compromiso de Pedro Sánchez con la regeneración”. ¡Casi nada”. Por lo menos sabemos que tiene un alto concepto de sí misma.

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