Carlos Carnicero

Hemos tocado fondo. (I) El final del bipartidismo y la crisis total

La mayor parte de los españoles  de nuestro tiempo ha vivido en una época de crecimiento continuo. En lo económico y también en lo social. La Transición fue un éxito. Pero ahora casi todo aquello que configuró una España relativamente moderna y próspera, es historia. Hemos entrado en la época de la incertidumbre y no hay nada sólido en el horizonte español. Crisis profunda sistémica, económica, institucional y social. Enfrente hay un inmenso vacío.

Captura de pantalla 2014-10-05 a la(s) 15.14.07                                                                                                                                                                                                                                           Miguel Blesa, el saqueador de Caja Madrid un golfo con gustos exquisitos.

España, como estado-nación, parece sumida en una pendiente hacia el abismo. Del sueño de Aznar (jugar en las grande ligas) y de Zapatero (dar el sorpasso a Italia y a Francia) hemos pasado a la insignificancia internacional. Del “milagro” económicos español, a figurar en el tren de cola de las economías europeas, a pesar del ligero repunte. De ser uno de los países con derechos sociales más extendidos, a tener en crisis todo nuestro sistema de protección en un universo de millones de parados sin esperanza de volver a trabajar. Nuestras universidades, expedidoras de jóvenes brillantemente preparados, necesitan una agencia de viajes para colocar a esta generación perdida en la emigración.

Con ser grave todo lo anterior, hay cosas todavía o igualmente de fondo:

Una parte considerable de españoles, sobre todo residentes en Euskadi y Cataluña, ni se sienten ni quieren ser españoles. Este incremento considerable sobre una base que ha existido durante toda la transición, se debe también a la crisis general de España y, sobre todo, a la torpeza con que se ha manejado la cuestión catalana en los últimos años. Es mucho más fácil el desapego de una España en crisis que de una prospera.

El nacionalismo radical español alejó a muchos españoles de esa pertenencia. José María Aznar, con su descreimiento  hacia la concepción plural de España, hizo mucho por la causa secesionista en Cataluña. Pascual Maragall con sus piruetas y su empeño en un nuevo estatuto que nadie más que él reclamaba, trazo una hoja de ruta. José Montilla, president de la Generalitat encabezó una multitudinaria manifestación, nada menos que contra el Tribunal Constitucional. José Luis Rodríguez Zapatero quiso contentar a todos y aceleró el caos.

Y en esto llegó Artur Mas, empecinado a emular, con otros parámetros históricos, a Lluis Companys. Quería entrar en la historia y lo va a conseguir, uniéndose a la destreza de UCD para deconstruir un partido de gobierno y provocar un caos institucional en Cataluña. Los sondeos pronosticas su inevitable entierro político.

El caos no es solo la amenaza latente de un referéndum declarado ilegal por el Tribunal Constitucional, y que a día de hoy no sabemos si se celebrara de alguna manera el 9 de noviembre. A la vuelta de la esquina.

El grave problema, pase lo que pase, se presentará el día después del 9-N. La legalidad sirve como freno de iniciativas imposibles dentro de la Constitución. Pero la política es imprescindible para reconstruir todo lo que se ha roto. Encontrar una España en la que la inmensa mayoría de los españoles, y entre ellos los catalanes, se sientan cómodos no es fácil. Si se estudia con detenimientos las competencias transferidas a Cataluña se puede determinar con toda objetividad que no hay estado federal en Europa, y probablemente en el mundo, en el que el autogobierno sea tan amplio. ¿Cual es el paso siguiente en esa progresión para la que ya no hay contenido? ¿Que le puede ofrecer el resto de España a Cataluña para conseguir un marco estable de relación y convivencia?

El estado federal es una abstracción si no se concreta su esencia. Pero un estado federal es un estado-nación con una división de poderes y competencias igual entre todos los estados federados  ¿Eso es lo que aceptarían los partidarios de la secesión en Cataluña? A la altura que estamos, iniciar un proceso de reforma constitucional solo tendría sentido si asegurase, con un compromiso serio y estable de todos los representantes políticos de todos los españoles de todas las latitudes, una Constitución indiscutida por todos.

La gran pregunta que estamos obligados a contestar, sin pasiones ni prejuicios, es cuales son las causas de este fracaso histórico de la España constitucional para construir un estado-nación en la que todos estén conformes y arraigados. Se me ocurren unas cuantas que desarrollaré en otro artículo.

Pero, por si faltaba algo, a esta profunda crisis de estado que se ha materializado en la desobediencia de las autoridades legales de Cataluña, se une un destrozo muy difícilmente reparable de la mayoría de los españoles en sus instituciones. La forma de conducir la crisis y el tremendo vacío ético de la corrupción han separado de forma brutal a los españoles de sus representantes y de las instituciones.

Un inventario de la corrupción resulta demoledor. Casi todos los partidos, los sindicatos, las patronales, los directivos de cajas de ahorro, la propia familia real están salpicados por esta lacra. La confesión de Pujol y el obsceno, cutre y amoral asunto de las tarjetas opacas de Caja Madrid ponen en un espejo convexo el grado de corrupción al que hemos llegado. ¿Se puede pedir paciencia a los tenedores de preferentes cuando observan el comportamiento de Miguel Blesa y sus consejeros? Se puede consentir que los fondos de dinero de todos los españoles, miles de millones de euros, destinados a rescatar estas cajas que eran una cueva de ladrones, se quede sin devolver?

¿Se puede pedir confianza después de observar que el padre de la patria catalana, permanente denunciador del “saqueo” que España ha realizado en Cataluña, al observar el saqueo llevado a cabo en su patria por él y su familia?

El bipartidismo está herido de muerte. Sobre todo porque los electores no se fían de los partidos que han sido responsables desde el gobierno y de las instituciones de todo este estado de cosas.

La alternativa, que está en los manuales, es la aparición de populismos inherentes a toda situación de crisis sistémica. En España han tardado en aparecer, a pesar de que ha habido intentos, algunos con relativo éxito, como el paso por la política de Jesús Gil, de José María Ruiz Mateos y de Mario Conde.

Ahora, la eclosión de Podemos en las elecciones europeas demuestra que la historia tiene razón. En situaciones de falta de esperanza, decir lo que los electores quieren oír desde su desencanto total con lo establecido, es una realidad tozuda e ineludible.

Recetas mágicas, e imposibles, para situaciones sin salida. Inteligencia en la comunicación con los ciudadanos, frescura en las actitudes y una tendencia a romper con todo lo relacionado con la “casta” que ha estado gestionando los asuntos públicos hasta conducirnos a una situación sin salida. Receta para el éxito.

Las fórmulas para solucionar todos estos desaguisados no parecen fáciles. Y no se observa en los grandes partidos la decisión imprescindible para una catarsis que devuelva la confianza. Es cierto que el nuevo secretario general del PSOE está haciendo algunos gestos de ruptura con el pasado reciente del partido. Pero no parece que sean suficientes. A la izquierda queda un inmenso espacio que Podemos quiere acaparar y no parece que le vaya mal.

Probablemente estamos en un cambio de época con todo lo que puede significar esta situación. Y realizar otro inventario, este de medidas regeneradoras, es urgente. Seguiremos reflexionando sobre esto.

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Agosto discurre en silencio mientras Israel destruye Gaza

Cada día, al amanecer, inspecciono la prensa sin esperanza de encontrar otra cosa que más de lo mismo. Agosto comienza su trabajo anestésico y los ciudadanos del hemisferio norte buscan las playas y los ríos para huir de este calor infernal que el cambio climático se empeña en profundizar.

Las redacciones se vacían; quedan de guardia los que menos antigüedad tienen si es que algunos tienen antigüedad. Los kioscos de prensa cierran por una falta más acentuada de los pocos lectores que quedan de la prensa de papel. Más de lo mismo: Israel profundiza su ofensiva en una Gaza que es ya un remake del Ghetto de Varsovia.  La indiferencia mundial es la misma frente al exterminio de los judíos en Varsovia y en toda Europa que la que Israel lleva a cabo en Palestina. Bueno, hay diferencias importantes, pero también semejanzas dramáticas.

El odio a los judíos animado por las convicciones racistas del III Reich tenía un tecnología de exterminio, aparentemente encubierta, cuyo destino era la “solución final”, la eliminación de toda la población judía. Racismo en estado puro y extremo. Probablemente la peor barbarie de la historia.  Los judíos, para Hitler no eran personas; los palestinos, para Israel, tampoco lo son.

Del Ghetto de Varsovia no se podía salir. No había alimentos ni medicinas. No había otra esperanza que esperar el traslado en trenes de ganado a los campos de la muerte.

En Gaza no hay medicinas ni alimentos. No se respeta a la población civil y las acciones del ejército de Israel, uno de los más poderosos del mundo, que cuenta con el respaldo incondicional de Estados Unidos, ataca escuelas, centros protegidos por la ONU, y cualquier objetivo civil. Los niños mueren por centenares. No hay piedad.

La insurrección de los judíos del Ghetto de Varsovia tuvo y tiene toda la legitimidad ética. Cualquier cosa que hubieran hecho en su lucha por la dignidad y la supervivencia hubiera tenido legitimación y justificación ante la historia. Sin embargo no mataban alemanes civiles ni niños. Aquellos judíos heroicos luchaban para sobrevivir pero no cometían desmanes contra inocentes.

Antes y durante la II Guerra mundial, los judíos, su exterminio, no fue nunca invocado como una de las razones de occidente en su guerra con Alemania. Hay testimonios históricos de que el Vaticano conocía con detalle el exterminio judío. No hubo reacción de la Iglesia Católica ni siquiera retórica. Los ciudadanos de la propia Alemania asistieron a la progresión de la persecución judía con pasividad o complicidad. No hubo, ni siquiera, conatos de piedad.

La poca resistencia interna contra Hitler no tuvo un ápice de motivación en el apoyo a la población judía.

Ahora pasan algunas cosas que tienen mucha semejanza, con el sarcasmo de la historia de que las víctimas son ahora verdugos. Quizá se juzgue esto como una hipérbole, pero con las diferencias de esencia, motivación y tiempo histórico, las semejanzas son irresistibles.

El mundo árabe, dividido, cierra los ojos ante la masacre del pueblo palestino. Ellos, los palestinos, son los judíos del mundo árabe, a los que nadie tiene cariño, respeto o consideración. Estados Unidos bloquea cualquier resolución que pueda contradecir los deseos de Israel, quien incumple sistemáticamente todas las resoluciones de la Asamblea General.

Claro que Hamas es un movimiento de provocación que crece con sus propios desmanes.  ETA era un movimiento terrorista en España que puso en riesgo la pervivencia de la democracia en este país. Y el GAL y los crímenes de estado fueron juzgados y sancionados como crímenes y abusos de poder, en coherencia con el principio de la proporcionalidad en la defensa de la ley y con el de que los fines no justifican los medios.

Mañana me despertaré con una nueva cifra de asesinados por el Estado de Israel en su inútil, cruel e ilegal ofensiva de Gaza. Me encontraré con los mismos silencios cómplices de los organismos internacionales, de la Unión Europea y de los partidos políticos españoles. Con la indiferencia de los ciudadanos del mundo, que desde un sustrato racista tienen sumido en el subconsciente que los palestinos no se acercan ni de lejos a los derechos de los ciudadanos de los países desarrollados. Los palestinos de hoy, como los judíos de ayer, no tienen quien se interese por ellos. En eso, la historia, de la forma más cruel, ha unido por los lazos de sangre del racismo a dos pueblos, el palestino y el judío, con el cambio de roles insoportable que ha convertido a las víctimas de ayer en los verdugos de hoy.

Cierro la prensa de la mañana sumido en una profunda indignación y tristeza, sobre todo al observar el silencio y la complicidad de muchos intelectuales judíos que han tenido mi respeto hasta que la cobardía o algo peor les ha hecho asumir el rol de los verdugos que tanto repudiaban.

 

PD: El embajador de Israel en España, Hamutal Rogel, ha cargado contra Yolanda Álvarez corresponsal de TVE, en Israel, no solo interfiriendo su trabajo de informar sobre la ofensiva de ese país en Gaza, sino provocando que la dirección de TVE desplace a la corresponsal a Jerusalén, donde solo tenga la propaganda oficial. Quien informa con mínima objetividad sufre las represalias de ese poderoso estado que es Israel.

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Para qué sirve Obama además de apoyar los crímenes de Israel

Espeso silencio sobre el accidente del avión de Malasia en Ucrania. Una matanza en Gaza en la que la proporción en la respuesta a la que obliga el derecho internacional es un sarcasmo. Los civiles y los niños son objetivo bélico. Apoyo Norteamericano y silencio europeo al exterminio de palestinos. Irak al borde de una guerra civil y sectaria. Libia en estado tribal, suministrando yihadistas donde hagan falta. De Egipto no nos ocupamos, aunque se divisa y se intuye lo peor. El apoyo a los insurgentes en Siria a devenido en una fuerza islamista que no tiene fronteras ni control. Impotencia ante los planes expansionistas de Rusia. Con Obama se ha generalizado el espionaje electrónico a todos sus aliados. Y ni siquiera ha cumplido su promesa de cerrar el centro de torturas de Guantánamo,

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Hubo un tiempo en que nos quejábamos del imperialismo belicista norteamericano. Hacíamos bien: fueron un cúmulo de desastres, desde el apoyo a fuerzas de invasión en Cuba, la guerra de Vietnam, el caos de Afganistán, el apoyo a las dictaduras americanas  o la invasión de Irak. Semilleros de inestabilidad de un imperio que era experto en comenzar conflictos e incapaz de zanjarlos.

Muchos pensábamos que Obama era distinto. Lo ha sido en algunos aspectos fundamentales de la política interna norteamericana, como sus esfuerzos por crear un sistema sanitario para los cuarenta millones de norteamericanos sin protección. Ha avanzado en algunos aspectos importantes de la política migratoria. No se ha atrevido a iniciar ninguna regulación de la libre disposición de armas de fuego. Ni a tomar iniciativas contra la pena de muerte con escasas garantías jurídicas que está vigente en muchos estados.

La política exterior ya no tiene hegemonía norteamericana. Es una buena y una mala noticia. El mundo tiene un nuevo equilibrio geoestratégico. China, Rusia, India y  Brasil son fuerzas en expansión que empiezan a tener su propia estrategia económica y política que se va coordinando al margen de los organismos en donde Estados Unidos era quien manejaba la economía y la política mundial. La importancia de Japón, el mejor aliado norteamericano en Asia, está desapareciendo.

Sobrevive un Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en donde Estados Unidos es la garantía de impunidad de Israel. Pero ya nada es lo mismo. Rusia ha sacado pecho y China avanza con sus divisiones económicas ocupando territorio, con paciencia y persistencia oriental. Todavía no le interesa la política sino como soporte de sus planes económicos. No tiene prisa.

El accidente o derribo del avión Malasio tiene todos los visos de haber sido un 11-S en el patio trasero de Rusia. Nadie se ha escandalizado de verdad y los holandeses miran asombrados los cadáveres de sus ciudadanos. El silencio y la prudencia de Obama, en el asunto del avión malasio es sospechoso en quien tiene el servicio de inteligencia más poderoso del mundo. No hay una hoja de ruta para Vladimir Putin. Las sanciones económicas pueden provocar un grave daño a la economía mundial. Y el poder y control de Putin sobre la sociedad rusa augura que aguantará el envite.

Hace tiempo que el mundo no era tan inestable. El peligro de graves confrontaciones está encima de la mesa. Y la respuesta de Estados Unidos es mirar para otro lado, incapaz de planes de contingencia para arreglar.

Obama ha realizado el test de prueba y error confirmando que la Casa Blanca tiene mucha más personalidad que los presidentes que ocupan el Despacho Oval. Quienes pensábamos que podía ser un presidente distinto fuimos sencillamente ingenuos. La historia demuestra que los imperios sucumben a sus debilidades.

En el año 2008, con los juegos Olímpicos de Pekín y la crisis financiera, se comprobó que el gigante también tiene los pies de barro. Hagamos un esfuerzo para imaginar el mundo dentro de veinte años. Y mientras tanto, incrementemos nuestra indignación con el genocidio que lleva a cabo Israel con el pueblo palestino. Aunque casi nadie sea capaz de mirar de frente las matanzas de los telediarios.

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Apuntes a vuelapluma

Jordi, el “don”, la sua strana famiglia y la independencia

 

La comparecencia de Jordi Pujol en el Parlament de Catalunya dejó muchas más sombras que luces. Pujol abroncó al respetable – en ese aspecto de ejercer la autoridad dialéctica con fuerza impositiva, siempre me pareció el Fraga catalán-, se encerró en una declaración de inocencia que no concuerda con los datos disponibles y pasó el trámite, amargo sin duda, sin explicar los informes de la policía que indican la posesión de increíbles cantidades de dinero fuera de España. Sin duda su empeño fue el de salvar lo que pudiera quedar de su prestigio y reputación, que no es mucho.

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Así las cosas, tendremos que esperar el final de las investigaciones, las imputaciones judiciales y, en su caso, el juicio oral del ex president y de su extraña familia para tener los detalles de su rapiña.

Varias consideraciones:

La comparecencia del president, verdadero padre de la causa soberanista y encarnación del patriotismo catalán, sucedió la víspera de que el president Mas convocara formalmente el referéndum sobre la independencia de Cataluña. Probablemente, su intención era eclipsar en la prensa la intervención parlamentaria de Pujol con la noticia de la consulta. Pero la realidad es que reforzó la equivalencia entre el falso patriotismo de Pujol, con la acusación permanente de saqueo de España a Cataluña, con la doble moral de quien tiene el dinero, non santo, fuera de su patria.

En esta España de corrupción generalizada en la clase política, Jordi Pujol era uno de los mitos de honestidad personal que parecía casi indestructible. La realidad es que Jordi Pujol y Marta Ferrusola, su esposa, han actuado, sin utilizar violencia física, como una clásica familia de la mafia calabresa.

El origen de la inmensa fortuna de esta familia, que fuentes policiales cifran en más de 500 millones de euros, procede, y no puede ser de otro modo, de comisiones ilegales. Algunas de ellas pagadas por empresas que querían deslocalizarse de Cataluña. Varios de los hijos de Pujol, entre ellos Oriol Pujol, que era. hasta hace poco, secretario general del partido CiU, se dedicaban a cobrar favores en función de su posición política en Cataluña.

En la segunda parte de El Padrino, Mikel Corleone asiste al bautizo solemne de uno de sus hijos, al mismo tiempo que sus sicarios, eliminaban cruelmente a todos sus enemigos dentro de la mafia. La religión católica era compatible con el crimen organizado.

Salvando las distancias, que no son pocas en la utilización de la violencia y el asesinato en las prácticas de la mafia, con los métodos de la familia Pujol, se puede establecer que para la strana famigllia del expresident, no había reparo en proclamar el monopolio  del patriotismo catalán, una suerte de religión laica, con las prácticas corruptas. Religión es a Mafia como patriotismo es a la famiglia del “don” Pujol.

Así las cosas, se puede confirmar la definición  de  “patriotismo”  como la bandera en la que se han envuelto muchos canallas a lo largo de la historia.

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Lecciones escocesas, sin acritud

El referéndum escocés fue un seísmo que sacudió Europa, y especialmente España. Finalmente, la continuidad de Escocia en el Reino Unido ha tranquilizado a los inquietos mercados, alivió a todos los gobernantes de los países de la Unión Europea y ha establecido un marco relativamente estable en Gran Bretaña, condicionado al desarrollo autonómico prometido in extremis por los lideres políticos para parar la desafección. Ahora hay que ver las resistencias que aparecen en el Parlamento de Londres para cumplir lo comprometido.

En España, el resultado influye indirectamente en la pretensión soberanista planteada en Cataluña, pero no la desarticula. Y la autonomía será la moda de temporada en los países de la Unión Europea donde existen contenciosos pendientes y latentes. Pero los comportamientos de la clase dirigente británica serán un espejo donde se tendrán que ver reflejados todos los actores del proceso catalán.

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Hay lecciones que no podemos evitar porque pueden ser de gran utilidad para el futuro.

La primera es que la soberbia de David Cameron, aceptando el envite soberanista cuando desde Escocia se planteó la alternativa del referéndum  de independencia o ampliación de sus competencias, fue un inmenso error del primer ministro. Entonces las encuestas daban claramente ganadora a la alternativa de rechazo a la independencia. Luego, las cosas cambiaron. Y presos del pánico, se produjo la gira escocesa de los líderes británicos con promesas de última hora.

Merece la pena resaltar el papel jugado en esa campaña por el ex primer ministro Gondon Brown. Su discurso, basado en el patriotismo escocés de quienes querían permanecer en el Reino Unido, fue definitivo. Ya no hubo equívocos y se estableció claramente que tan patriotas escoceses eran los que querían separarse como los que querían permanecer. Nadie podrá monopolizar la identidad escocesa en función de la pretensión de independencia. Hubo respeto en el debate, con las tensiones propias de una campaña política, pero la ausencia de la pretensión monopolizadora del patriotismo enfrió la crispación.

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Cataluña y Escocia en un mundo convulso

Durante toda el fin de semana leo la prensa con detenimiento, haciendo un balance instantáneo de las impresiones que me producen las noticias, las opiniones y los medios de comunicación. Intento encontrar dosis de pasión renovada en este oficio que me ha dado todo en mi vida. Observo mucho más de lo mismo en la política española; la crisis catalana es una suerte de rosca sin fin en la que se repiten proclamas, se renuevan  amenazas y no aparece ningún signo que escenifique intenciones de acuerdo. Pero lo sorprendente es la falta de claridad y los camuflajes en el lenguaje. Y el asunto es, o debiera ser claro. ¿Existe marco legal para celebrar un referéndum? ¿Hay intención en los partidarios de la secesión en tratar de modificar las leyes para que su proceso sea legítimo y legal? ¿Hay tanta gente en Cataluña que está dispuesta a saltarse la ley, burlarse de la legitimidad y destrozar el entramado de la primera democracia estable que ha existido en España a lo largo de toda su historia?

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La razón y la emoción son dos caballos que tiran del carro en direcciones opuestas y acabarán descoyuntando este país. Hay muchos intereses no confesados. Los medios de comunicación radicados en Cataluña muestran un poco disimulado entusiasmo en el proceso secesionista, tal vez porque en Cataluña ahora sea muy difícil posicionarse contra la corriente dominante. El carácter del intelectual se demuestra cuando hay que oponerse a los sectores mayoritarios y dejar a un lado razones de oportunidad y conveniencia para dar paso a lo que dicta la razón y el entendimiento.

La sombra de Escocia llega de lleno a Cataluña. Poco tiene que ver que las realidades históricas y políticas sean tan diferentes. La primera y esencial, que el referéndum en Escocia es legal. Las demás, con ser importantes importan menos.

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