Carlos Carnicero

Cañete, esa suficiencia de machismo insoportable

La galantería es la forma más sofisticada de machismo porque se envuelve en la condescendía de pretender una superioridad basada en la fuerza del macho que se intenta disimular con amabilidad impostada. Miguel Arias Cañete ha dejado aflorar las esencias de ese machismo ancestral que pretende cuidar a las hembras para darle protección paternalista frente a la realidad de un mundo masculino que prenden genéticamente sometido a las creencias de su propia superioridad.
Miguel Arias Cañete, en su debate con Elena Valenciano, ha hecho, además el ridículo acrecentado con sus manifestaciones posteriores. En otro país de esta Europa en entredicho, Miguel Arias Cañete habría tenido que abandonar la política por atentado directo contra la consagración de la igualdad de sexos que preconiza nuestra Constitución. No ejerció más sus supremacía sexual frente a Valenciano para no parecer agresivo frente a una hembra indefensa. ¡Casi nada!
No hubo debate sobre Europa, porque el candidato del PP no quiso hablar de las elecciones europeas sino de una realidad española enmascarada por la mentira tantas veces repetidas sobre la bondad de la reformas que han sido y son recortes.
Entiendo a Cañete y entiendo al PP, porque son unos convencidos de que nuestra misión en Europa e la obediencia debida a la supremacía Alemana. En realidad, lo españoles, hasta que la Unión Europea sea una realidad democrática representativa, debiéramos exigir votar en la elecciones generales alemanas para tratar de dar una pátina de legitimidad al gobierno de facto que ejerce el directorio alemán, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional.
Esta claro que al PP no le interesa una movilización electoral el 25 de mayo; sus cálculos de dignidad electoral en los resultados están hechos en el entorno de una participación algo mayor del cuarenta por ciento. Quieren que voten sus incondicionales y que no vaya mucha más gente a introducir la papeleta, porque con esas cuentas se quedarían por encima del PSOE, que es a lo único que aspiran.
Elena Valenciano mantuvo la dignidad frente a la provocación. Permitió a Arias Cañete un retrato sepia, antiguo del machocaballeroandaluz. El mejor retrato de una realidad que se manifiesta en la contrarrevolución conservadora del PP.
Con esos parámetros, no nos queda más remedio que acudir a votar al PSOE, porque independientemente de todos los reproches que se le puedan hacer al partido de Elena Valenciano, que desplace al PP se ha convertido ya en un asunto de emergencia democrática. Y eso es mucho y, sobretodo, suficiente.

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Tiburones, pececillos y mentiras electorales

Hay datos “macro” que apuntan hacia una lenta recuperación de la economía, no solo española sino de los países de la Europa del Sur. Mariano Rajoy saca pecho aduciendo que ha “hecho los deberes” que le impuso el FMI y el directorio alemán que gobierna Europa. Y desde esa perspectiva, con un aumento espectacular de las desigualdades, disminución de  la cobertura social, de la educación y de la sanidad, se presenta a las elecciones europeas con cara de haber triunfado. Las elecciones europeas, que en realidad debieran ser las más importantes, porque quien de verdad gobierna es Europa, son sobre todo una prueba de laboratorio para los partidos españoles.

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No hace falta que los partidos tengan pudor. Se dan el lujo de volver a hacer promesas que serán tan falsas como las que hicieron en las elecciones generales. Como la derecha española se alimenta en la falta de vergüenza, luego se ventilan los incumplimientos con frases solemnes con las que patentó Rajoy: “no he cumplido mis promesas, pero he cumplido con mi deber”. El cumplimiento del deber es una apuesta en la que quien juega decide si gana; no está sujeto a control democrático, porque no hay forma de tasar ese deber que no sea la voluntad de quien profiere la promesa.

Ahora se anuncian reformas fiscales, se levantan tasas municipales y se prometen puestos de trabajo. Ahora son 600.000 empleos, porque prometer con este cuadro más sería recordar lo que dijo el PP cuando Felipe González prometió 800.000 puestos, que luego en realidad creó.

El electorado es fácil de anestesiar. Los impulsos mediáticos son tan volátiles que se cambian las tenencias con puras operaciones de marketing.

En el PP, su sociólogo de cabecera, Pedro Arriola, tiene credos establecidos por los neoconservadores norteamericanos. No inmutarse con la realidad e ignorarla es uno de ellos. Movilizar al electorado más radical e incondicional aunque se renuncie a la ampliación del voto. “Si votan los fanáticos, no nos irá mal”, piensa Arriola. Vale más el desprestigio del contrario que la ampliación de los afines.

Por eso ahora se instala la desfachatez de negar el empobrecimiento de una capa importante de la población, la consolidación de los que más ganan y más tienen y la falta de expectativas de los millones de personas que esta crisis ha dejado fuera del sistema. Rajoy nos quiere convencer de que es muy bueno que haya más ricos de verdad. El tiburón devora, pero algo salpica para los pececillos. Ese debiera ser el eslogan del nuevo capitalismo.

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Nuestra victoria en el Tribunal Supremo frente a la Cadena Ser.

Finalmente, el pleno de la Sala de lo Social del Tribunal Supremo ha desestimado el recurso de la Cadena Ser contra la sentencia del Tribunal Superior de Madrid. Mi despido fue improcedente y existía una relación laboral con la Cadena Ser. Ya no hay más recursos posibles y la cadena de radio del Grupo Prisa tendrá que cumplir la ley y resarcirme por los perjuicios causados. Tendrá que reconocerme los derechos que me correspondían y me corresponden.

Han sido casi tres años de lucha judicial desigual. La poderosa maquinaria legal de La Ser, encabezada por un catedrático de derecho Laboral, ha sido derrotada por Cruz Sánchez de Lara Sorzano. Una brillante y comprometida abogada que, con coraje, pericia y dedicación excepcional, le ha ganado el pulso  a un costoso equipo jurídico, con la soledad acompañada de una valentía excepcional. Nada hubiera sido posible sin ella. Y desde aquí, mi agradecimiento emocionado a mi abogada y mi amiga que nunca estuvo dispuesta a tirar la toalla.

Pero la sentencia del Tribunal Supremo tiene unas consecuencia importantes para muchos compañeros periodistas. Incluidos los que me dieron la espalda y los que fueron a declarar en mi contra y a favor de la empresa.

La sentencia sienta jurisprudencia para las relaciones entre periodistas y empresas, sobre todo en lo relativo a la prestación de servicios continuos, prolongados y dependientes. Muchos periodistas, embuchados en empresas con falsos contratos de colaboración y con dependencia real de los medios, tienen ahora soporte de jurisprudencia para sus reclamos. No los podrán despedir sin las indemnizaciones correspondientes. No es petulante ni atrevido declarar que en ese sentido, la sentencia marca un hito y tiene carácter trascendente.

Escribo estas líneas sin el menor rencor. Con el orgullo de haber dedicado con lealtad y libertad diecisiete años de mi vida profesional a la Cadena Ser, donde fui tratado con respeto hasta el momento insólito de mi despido, realizado en una cafetería de Madrid, sin ninguna consideración ni explicación.

Guardo un recuerdo imborrable de Carlos Llamas, con quien inauguré la primera tertulia radiofónica después de muchos años que el Grupo Prisa comprara la emisora. Su vacío  ha dejado un hueco que nadie ha sido capaz de llenar.

Mi recuerdo emocionado para algunos compañeros que ya no están entre nosotros, como Carlos Mendo, Félix Bayón y Rafael Del Águila. Y para los que todavía continúan en la radio. Para todos los trabajadores de la Cadena Ser, independientemente de cómo se portaron en mi despido. Gracias a La Ser por tantos años de felicidad profesional.

Y muchas gracias a quienes os habéis interesado por mi durante estos largos y duros tres años.

Texto de la sentencia:

FUNDAMENTOS DE DERECHO

 

 

PRIMERO.- La cuestión debatida es si la prestación de servicios del demandante para una conocida cadena de radiodifusión (cadena SER) como colaborador (tertuliano) en diversos programas desde el año 1994 hasta el año 2011 reviste o no los rasgos definitorios de una relación jurídicolaboral en los términos exigidos por el artículo 1 del ET. Los datos fácticos esenciales de esa relación profesional son los siguientes. El programa en el que principalmente prestó sus servicios como tertuliano durante todo ese tiempo fue “La Ventana) en el que intervenía una vez por semana durante una hora a través de vía telefónica digital (RDSI, un sistema de comunicación utilizado por la parte demandada), sin necesidad de desplazarse a los estudios de radio, aunque esporádicamente sí lo hacía. Continue reading “Nuestra victoria en el Tribunal Supremo frente a la Cadena Ser.” »

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Apuntes a vuelapluma

Han caído torres más altas que el PSOE

El PSOE es una organización imprescindible en el contexto histórico de los dos últimos siglos. Su capacidad de resistencia culminó con la supervivencia a la guerra civil y la cruel dictadura. En la transición y en la transformación de España ha sido un pilar sólido que ha permitido que la democracia se consolide y que España se modernice. Y también ha sido víctima y promotor de la profunda crisis sistémica que ha asolado nuestro sistema de convivencia. Su permanencia en el poder durante largos periodos en los últimos treinta años ha erosionado sus esencias y le ha convertido en una suerte de partido institucional cuyos militantes no tenían otra vigencia que la aspiración a ocupar un cargo público. Los militantes no tienen tareas políticas al margen de las instituciones. Y su desconexión con la sociedad le ha llevado a un colapso orgánico, político e ideológico.

Por primera vez en muchos años hay un debate interno vivo que se manifiesta en el empate que se vislumbra entre dos de los candidatos en estas elecciones directas. Una de las mejores noticias es el final de la unanimidad y del control directo del aparato que se manifestó la última vez en la designación de la candidata a la presidencia de Andalucía y de esa federación del PSOE, Susana Díaz, hecho constatable con independencia de que el resultado de ese ejercicio de dirigismo haya resultado positivo o al menos útil.

Los dos candidatos socialistas en las elecciones del próximo domingo tienen la enorme responsabilidad de enderezar el rumbo del partido, no solamente en términos electorales.

Una organización democrática de izquierda tiene que aspirar a tener tentáculos directos en la sociedad. En la vida sindical, en la vida de los colectivos enfrentados a la contrarrevolución conservadora y en la formulación de movimientos ciudadanos. En esa línea se ha manifestado Eduardo Madina. Entender que la actividad de los militantes, su toma de responsabilidades en la dirección del partido, no puede suponer una amenaza para las hegemonías de cualquier aparato. Porque un partido socialdemócrata tiene que aprender a convivir con un profundo debate interno, con la participación de sus militantes en la vida orgánica de forma permanente. Abandonar el miedo a que la pérdida de control les reste posibilidades electorales. No puede haber temor a que los militantes asuman el rol del ejercicio de la soberanía dentro de la organización.

Las elecciones europeas no han sido más que la culminación de un proceso de descomposición de la estructura de partidos. Y ese proceso no se ha detenido. Es dinámico porque está empujado por la profunda desconfianza de los ciudadanos en los partidos. Y no está exento de esta amenaza ninguno de los partidos que forman parte del establishment no están blindado contra su desaparición. La historia demuestra que organizaciones de poder que se creían eternas e indestructibles han caído como las torres de Jericó. Y el PSOE, con todos los meritos de su larga trayectoria no es una excepción.

El próximo congreso no puede reducir su debate a la elección de un líder. Esa debe ser la consecuencia de la construcción de un entramado político sólido que de respuestas a las múltiples crisis de nuestro sistema socioeconómico. Probablemente es la última oportunidad que tienen los militantes del PSOE de detener el declive de la organización y construir el socialismo democrático del siglo XXI. Y hay que comenzar por una proyecto político socialista que permita que los ciudadanos recuperen la confianza en el PSOE.

 

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Mónica Oriol y los trabajadores que no valen “paná”

Hace tiempo que teníamos noticias de la ausencia de contención dialéctica de Mónica de Oriol, presidenta del Círculo de Empresarios. Tiene ese rasgo de la personalidad que induce a decir lo que de verdad piensa, sin pararse en razones de oportunidad. Es de agradecer que en este mundo de hipócritas no sea políticamente correcta y se le escape ese clasismo que lleva dentro, probablemente envuelto en su apellido de antiguos oligarcas franquistas.

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Esta señora piensa que hay que bajar el salario mínimo interprofesional. Seguramente porque está convencida de que con poco más de seiscientos euros se puede mantener una familia con el mínimo de dignidad al que tiene derecho todo ser humano.

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España, riesgo de estado fallido

Es difícil ignorar en el horizonte el riesgo de que España se convierta en un estado fallido. Dos de las regiones, naciones o nacionalidades con más densidad económica e importancia política, aumentan el deseo de una parte importante de su población de disgregarse del resto de España. Las motivaciones de carácter histórico -con la manipulación y ensoñación propias de los nacionalismos extremos- agitan la pretensión de independencia sin que se tengan en cuenta asuntos esenciales, como la permanencia dentro de la Unión Europea de los estados resultantes. No se hacen cuentas políticas ni económicas de carácter local o internacional, porque los anhelos se han adueñado de la formulación de los proyectos.

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Y es una catarata que no amaina, sino que se alimenta con el paso de los días, independientemente de que no existan procedimientos constitucionales para encaminar esas alucinaciones.

Como en casi todas las situaciones históricas de convulsión nacionalista, el fenómeno sirve a los intereses de una casta o élite local que ha saboreado el poder hasta tener dependencia de él; cada día necesita más dosis. Agitar las pasiones de la ciudadanía en época de profunda crisis económica, política y de liderazgo no es nada difícil. Las crisis generan monstruos que son muy complicados de manejar. Por favor, repasen los manuales de historia.

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